Alberto Cañas

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Sábado 22 Noviembre, 2008

Chisporroteos

Alberto F. Cañas

Es realmente satisfactorio enterarse de la ovación de que fue objeto nuestra admirable soprano Iride Martínez, en su presentación junto a Plácido Domingo la semana pasada. Plácido Domingo, con quien ella ha compartido escena en grandes teatros de Europa, y a quien él, en alguna ocasión para los ticos memorable, pidió como co-estrella para cantar una moderna ópera sobre el pintor Goya.

Declaro que no se me ocurrió ir al estadio Saprissa a ese concierto, porque no me gusta escuchar altoparlantes y menos me gusta pagar por ello. Si en San José no tenemos un lugar apropiado para un concierto como ese de que hablo (nuestros teatros tienen poca capacidad), y tenemos que conformarnos con un estadio, más lógico habría sido construir (o que nos construyeran) un auditorio grande, y no otro estadio. Pero… como decían los bisabuelos, such is the life in the Tropics.

El hecho es que Iride Martínez comparte con el escultor Jiménez de Heredia, el honor de ser los artistas costarricenses que más lejos y más arriba han llegado y mayor y más merecida reputación internacional han adquirido en toda nuestra historia. Y que ambos siguen sintiendo y pensando como ticos auténticos, siguen siéndolo, y vienen a Costa Rica cada vez que pueden, a respirar nuestro aire (porque lo que es a disfrutar de nuestra inseguridad actual, a eso sí que no viene nadie por su propio gusto).

Gracias al gran Plácido Domingo por haber insistido en que la gran soprano tica lo acompañara en su concierto. Y gracias a los compatriotas que la ovacionaron como ella lo merece, y ovacionaron también al enorme cantante español como él lo merece.

Son cosas que levantan el ánimo. Como la presentación que hizo la semana pasada en el Teatro Nacional la Escuela de Ballet Clásico Ruso que para fortuna nuestra funciona en nuestro país. Realmente un programa excepcionalmente bello de danza, un éxito de la maestra y coreógrafa rusa María Monákhova (cuyo nombre, respetuosamente sugiero que se transcribiría mejor en español Monájova que en la transcripción anglicada que le han dado), y un merecido homenaje a nuestro Julián Calderón cuyo ballet Orfeo, estrenado en París en 1953, fue en esa función que por primera vez pudimos aplaudirlo en Costa Rica.

No hay duda de que la danza clásica está desarrollándose, prosperando, creciendo y mejorando en Costa Rica… como tantas cosas (no todas, lamentablemente, como lo ha dicho con frecuencia esta columna) que tienen que ver con el arte.

Se escuchan quejas numerosas sobre el teatro y sobre la literatura, aunque todo está sujeto a criterios, a posiciones y hasta a pruritos generacionales. Pero en artes y actividades relacionadas con la música, vamos hacia adelante. Anoche tuvimos un estreno nacional por la Orquesta Sinfónica.

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