Alberto Cañas

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Miércoles 10 Septiembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas


Alguna vez dije que Roberto Ortiz Brenes era el único costarricense a quien yo declararía Benemérito de la Patria en vida.

Acaba de fallecer. Acaba de terminar una vida de entrega a la patria y a las buenas causas. Quiero decir con ello, la causa de los niños, la causa de los humildes, la causa del bienestar común.

Ignoro si la sociedad entera ha realizado lo mucho que al doctor Ortiz Brenes le debe el Hospital Nacional de Niños Sáenz Herrera, al cual, como discípulo y colaborador que fue del gran costarricense cuyo nombre lleva ese hospital se dedicó con alma, vida y corazón, y es mucho lo que a él le debe esa institución orgullo de la Patria, y lo mucho que, en consecuencia, le deben los niños de Costa Rica.

La primera vez que, de adultos, me obligó a algo, fue cuando se presentó al Ministerio de Cultura que yo desempeñaba, y me hizo acompañarlo al de Obras Públicas, servido por Rodolfo Silva, para exigirnos a los dos que arregláramos el desastre y tugurio en que se había convertido la Plaza González Víquez, y nos conminó para que conjuntamente emprendiéramos el arreglo que la plaza pedía a gritos. No nos quedó más remedio que hacerle caso: Cultura tenía los fondos: el producto de cierto impuesto que luego le quitaron, y Obras Públicas la estructura administrativa, y allí está la Plaza González Víquez convertida en un parque hermoso lleno de atractivos… a cuya inauguración, durante la administración Oduber, no nos convidaron ni a don Roberto, ni a don Rodolfo, ni a mí.

El Parque de Diversiones de La Uruca, concebido y planeado por Roberto Ortiz como una fuente de ingresos para el Hospital de Niños, creció bajo su comando e inspiración, y es hoy uno de los sitios más populares y frecuentados, de lo cual es el hospital el total beneficiario. Recuerdo que compartíamos asiento en la Junta Directiva de la Caja Costarricense de Seguro Social cuando dentro de ella planteó Roberto Ortiz el asunto del parque de diversiones, que habría de instalarse en terreno de la Caja. Y en esa ocasión se me ocurrió plantear la duda de si convenía que se destinaran propiedades de la institución a un centro que evidentemente sería frecuentado principalmente por niños cuya situación económica les permitiera pagar las diversiones. La respuesta de Roberto Ortiz fue terminante: en el parque de diversiones habría días de diversión gratuita para los niños de nivel económico inferior.

La Junta Directiva de la Caja parecía el lugar adecuado para que él estuviera permanentemente. Debió ser director vitalicio allí. Y, de paso, de todo sitio donde se requiriera espíritu cívico, vocación de servicio, visión de futuro, compasión humana y preocupación social… Aparte de la ciencia personal de médico notable que lucía a Roberto Ortiz.

Nos va a hacer mucha falta. A todos. Al país en general. Escasean los ciudadanos como él. Escasean los espíritus como el suyo. Escasean las ciudadanos cuya cualidad más evidente es el desprendimiento. Escasean los que llegan a una posición pública y no calculan qué posibilidades tienen de ganar allí más dinero que el de las dietas o sueldo. Escasean, en suma, los hombres con vocación de entrega. Roberto Ortiz Brenes era uno de ellos, el mejor, es por eso que una vez dije que deberíamos declararlo Benemérito de la Patria mientras viviera.

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