Alberto Cañas

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Miércoles 20 Agosto, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Siempre impresiona presenciar cosas en cuya gestación uno ha tenido o cree haber tenido alguna parte, así sea pequeñita y prácticamente invisible.

El sábado pasado concurrí al debut de la Compañía Municipal de Teatro, que espero ocupe la posición y desempeñe el papel que tuvo la Compañía Nacional que fundé y mis sucesores en el Ministerio de Cultura destruyeron poquito a poco hasta hacerla desaparecer. Desde entonces he soñado con que otra vez volvamos a tener un ente teatral público dedicado a dar a los costarricenses (en el caso actual a los josefinos y quien quita que logre extenderse) teatro de alta calidad, un repertorio de obras de mérito, costarricenses y extranjeras, tratadas con respeto e interpretadas con talento. Mi idea la va haciendo realidad la Municipalidad de San José, y el alcalde Johnny Araya la ha puesto en manos de Leonardo Perucci, director serio, culto y experimentado.

Satisfaciendo necesidades del Ministerio de Educación (que el de Cultura ignora hace décadas), la Compañía Municipal se ha iniciado con El avaro, de Molière, en una puesta que mediante la ambientación y el vestuario subraya la perennidad y la actualidad si se quiere, de ese gran clásico amable y divertido. El público aplaudió mucho y espero que esto siga, mientras la otra, la Nacional (que hace rato no es compañía), sigue cambiando de director a cada rato sin determinar qué es lo que ese director dirige o está llamado a dirigir.

Esa satisfactoria función teatral me impidió acudir al Teatro Nacional a escuchar a Iride Martínez, de quien tanto se habla en esta columna, y que es para mí, desde que la conocí jovenzuela en la Facultad de Bellas Artes de la UCR, todo el tiempo una amiga, durante mucho tiempo una esperanza y desde hace unos años una realidad y una culminación como Costa Rica no había visto nunca. (Culminación que comparte con el escultor Jiménez de Heredia).

Pero como no pude ir al Nacional el sábado, fui el domingo a la Catedral. Tal vez fue mejor así, porque allí pude escuchar, junto a un público heterogéneo, con mucha gente de vestimenta humilde que no podía pagar los precios del Teatro Nacional, la maravillosa voz de esta muchacha que ha adquirido fama internacional, a la que se pelean los grandes teatros europeos, que ha logrado ser la primera artista costarricense que ha cantado en la Scala de Milán… y que sigue siendo la misma Iride juguetona e inteligente que estudiaba en la UCR. La felicito, la abrazo y le beso la mano como se hacía con las grandes señoras de antaño.

afcanas@intnet.co.cr