Alberto Cañas

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Sábado 15 Marzo, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Canas

Me cuentan que el Poder Ejecutivo ha derogado un decreto que emitió nada menos que don Ricardo Jiménez, que saludablemente prohibía la colocación del retrato del Presidente de la República en las oficinas públicas. Me explico la derogatoria porque la verdad es que pocas veces hemos tenido un gobernante más hermoso que el de ahora.

Es inverosímil que hayan separado de su cargo de Director del Teatro Nacional a Samuel Rovinski, dicho sea con el afectuoso respeto y parentesco que me unen a la Ministra de Cultura. Pero estoy acostumbrado a decir lo que pienso.

No hay memoria de que en los casi 111 años de vida que tiene el Teatro, su director haya sido alguna vez destituido. Tampoco de que haya tenido antes un director con las condiciones de Rovinski, escritor notable, repetidamente laureado, miembro de la Academia Costarricense de la Lengua, altamente apreciado y respetado en todos los círculos, con una admirable reputación de honorabilidad y pundonor, ingeniero de profesión con buena fama de empresario; además, que se ha dedicado con alma, vida y corazón a la restauración del mejor edificio que tiene el Estado costarricense, peligrosamente dañado por el tiempo. Su nombramiento fue recibido como un acierto total del ministro Guido Sáenz. Y lo que más extraña es que una de las causas que han provocado su separac¡ón, es que se negó a destinar ¢50 millones presupuestados para la reparación y mantenimiento del teatro, a financiar la puesta millonaria de una ópera, no sé si a cargo de ese desfigurador cuando no destructor de óperas que viene monopolizando las producciones de la Compañía Lírica Nacional.
Si el director del teatro cree que ciertas sumas deben destinarse al teatro mismo, y el Ministerio estima que a una producción teatral, esas cosas se resuelven de otro modo, y no con un acto de imperio que recuerda los tiempos anteriores al 48 cuando los funcionarios del Estado estaban a merced de los caprichos del Presidente de la República sin otra función que obedecer. No entro a discutir sobre si el Teatro Nacional es una vulgar dependencia administrativa del Ministerio, porque la verdad es que por esos disparates costarricenses tan frecuentes, el Teatro Melico Salazar goza de una ley orgánica mientras que el Nacional no... pero el director del Melico también ha caído por decisión ministerial.

La persona que ha sido designada para sustituir a don Samuel, dicho sea con el debido respeto, no tiene el rango cultural, el prestigio nacional, las probadas condiciones ejecutivas y administrativas ni los magníficos antecedentes que en el terreno de las artes, las letras y la empresa adornan a Rovinski. Nada de eso se ha respetado. Se ha impuesto una voluntad gubernamental no muy justificada. Don Samuel nunca ha sido político, ni pegador de banderas. El Teatro Nacional se honraba al tenerlo como su director.

He leído con satisfacción la respuesta que Ottón Solís ha dado al más reciente escándalo que le han querido armar a su familia para ver si lo dañan a él. Renuncia abiertamente a la prescripción, y deja muy claro que sabe lo que muchos sabemos: de qué fuente vienen y dónde se originan los periódicos escandalitos que le han hecho a los suyos... alguno de los cuales ha caminado con el perdón público que algunas personas le han pedido a su hermano Alex, víctima de una de las infamias más grandes que se hayan concebido en Costa Rica... y de la idea que algunos tienen de cómo hacer política.

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