La gestión del talento ha dejado de ser una función de apoyo para convertirse en una prioridad estratégica. Contar con equipos comprometidos y motivados fortalece la capacidad de las organizaciones para adaptarse a los cambios, innovar y responder a las necesidades de sus clientes y de la sociedad. Asimismo, permite preservar el conocimiento institucional, fortalecer el liderazgo y consolidar una cultura organizacional que trascienda en el tiempo.