Candidatos: ¿Y la reforma fiscal?
Mientras se siga “comiendo cuento” sobre la negación de los impuestos, continuará teniendo éxito el juego de lo...
Mientras se siga “comiendo cuento” sobre la negación de los impuestos, continuará teniendo éxito el juego de los más poderosos
En los debates los candidatos han tocado este tema con “guante blanco y de puntillas”, quiero plantearlo con bisturí en mano por ser fundamental para el acometido de cualquiera de sus propuestas.
Mala gestión gubernamental. A quienes más les conviene que los impuestos sean mal invertidos y mal cobrados es a los más ricos. En la medida que la ingobernanza institucional se mantenga en el tema fiscal permitirá sostener la idea de “que como el Estado es tan mal administrador y tan mal gestor en las obras, no merece que se le den más recursos”. Pero en el fondo el interés de los más poderosos es mantener la estructura actual.
Hacienda sobre Planificación. La aprobación de la Autoridad Presupuestaria —Administración Rodríguez Echeverría— como órgano encargado de la recaudación y con autoridad para la aprobación de inversiones, prácticamente mató a la planificación en nuestro país. Ya los impuestos no son invertidos con una visión de futuro, pensando en generaciones futuras, sino que prima la coyuntura para determinar las inversiones de acuerdo a lo que se tiene y no a lo que se debe hacer. El Ministerio de Hacienda, con una visión de corto plazo, es quien administra y “planifica” el uso de los recursos estatales, limitando el gasto público como la gran solución al déficit fiscal.
Clase media vs clase baja. Los más ricos del país han dejado a la clase media la tarea de sacar a los pobres de su situación, puesto que son los más fáciles de tasar con impuestos. La mala gobernanza y estructuración fiscal del país hace muy complicado que la clase media pueda burlar el pago de impuestos, como sí lo hacen los más poderosos.
Así las cosas, los impuestos que en mayor proporción paga la clase media son los que se utilizan para los programas sociales de educación, salud e infraestructura; con los mismos se sostienen los programas asistenciales.
Es una buena estrategia para que la clase alta se libere de su responsabilidad de acabar con la pobreza. El riesgo es que esa carga promueve en la clase media un odio cada día mayor por los más pobres, no solamente por sentir mayor responsabilidad para sacarlos de ahí, sino porque pareciera que es más posible que en vez de sacarlos sean succionados por ellos.
Los pobres y la clase media deben preocuparse por comprender cuál es la idea fundamental de los impuestos y de una reforma fiscal, de los beneficios que representan para un país en mejores programas de salud, de educación y de infraestructura de primer nivel. Deben ser educados al respecto para que apoyen los cambios fiscales. ¿Cuál candidato lo ha hecho?
Existen dos formas sencillas de distribuir riqueza, una son buenos salarios, con los cuales cada persona dispone y los invierte de acuerdo a sus prioridades y gustos. La otra son los impuestos, que deben ser administrados eficiente y eficazmente por las autoridades gubernamentales, son propios para la inversión social que le corresponde al Estado en su obligación de velar por un contrato social justo que priorice el vilipendiado bien común.
Pero mientras se siga “comiendo cuento” sobre la negación de los impuestos, continuará teniendo éxito el juego de los más poderosos, quienes tienen bien estructurado su círculo maligno para evitar una justa y urgente reforma fiscal.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo