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Se debe pensar en la necesidad no solo de reparar el rompeolas de Caldera, sino de ampliar su extensión, sin olvidar que hay ciertos fenómenos naturales que están presentándose actualmente de modo diferente al habitual, lo que nos obliga a ser más previsores


Caldera debe ir a cuidados intensivos

Desde que en 2002 un fuerte oleaje destruyó más de 60 metros de la construcción —recién concluida en aquel tiempo— del rompeolas de Caldera, nada se hizo a lo largo de los años para reparar lo que se sabía que había que remediar.
Hoy, como tantas otras obras públicas desatendidas, enfrentar los trabajos necesarios para reparar ese rompeolas se vuelve un nuevo asunto urgente, ocasionado por la falta de previsión y de adecuada gestión.
Cuando las cosas no se hacen a tiempo, la premura con que luego hay que trabajar no es para nada conveniente, sin contar con que las obras resultan más costosas.
Pero en el caso del rompeolas del que hablamos hoy, otros factores adversos pueden sumarse, que obligarán a buscar soluciones. Por ejemplo, un aumento en la fuerza del oleaje con respecto a lo que estamos acostumbrados.
Este fenómeno, como sabemos, no solo en Costa Rica se está presentando. Otros países, como es el caso de España en estos días, sufren en algunas de sus zonas costeras por el inusual impacto del oleaje que alcanza muchos más metros de altura y destruye, al caer, lo que encuentra en su camino.
En cuanto a nuestro país y a Caldera específicamente, los trabajos que deben hacerse demorarían por lo menos dos años en caso de que se cumplan los plazos previstos en el Plan Nacional de Desarrollo.
Eso dejaría el rompeolas más o menos en la misma condición que cuando fue construido.
Por otro lado, el dragado que le corresponde hacer a la empresa concesionaria del puerto el año entrante, perdería efectividad porque el rompeolas aún no estaría reparado.
Esto obliga desde ya a una estrecha relación de trabajo entre los ejecutores de las obras de restauración del rompeolas —que en este caso es del BID, que administrará el préstamo de $450 millones — y la División Marítimo Portuaria del MOPT.
Esta última asegura que está “en etapa de elaboración del procedimiento para  una ejecución más eficiente y rápida…”.
No obstante, la preocupación está y estará presente porque no ha sido la regla que en Costa Rica las instituciones públicas hagan las cosas de manera ágil y ganándole tiempo al tiempo.
Es deseable sin embargo, que en este caso así ocurra porque además, se debe pensar en la necesidad de ampliar la extensión del rompeolas, pero sin olvidar que hay ciertos fenómenos naturales que están presentándose actualmente de modo diferente al habitual, lo que nos obliga a ser más previsores.


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