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Lunes 23 Agosto, 2010

Cacofonía liberacionista

Disculpen. Pero la Costa Rica que nos describen algunos liberacionistas, por más esfuerzos que hacemos no logramos encontrarla. Estamos totalmente de acuerdo con que la administración de don José María Figueres marcó un antes y un después. Anteriormente hasta los opositores a ese partido podíamos volcar el voto y confiadamente darles el nuestro, reconociendo, que si bien errar es de humanos, existían verdaderos planes que empequeñecían las odiosas diferencias sociales, y que hoy en vez de disminuir nos desigualan.
Después del señor Figueres Olsen lo único que recordamos es el cierre de ferrocarriles, el Banco Anglo, y el decrecimiento de todas las instituciones del Estado. El gobierno metido a empresario es igual a viejas y conocidas historias que no deseamos recordar. Los políticos promoviendo negocios en beneficio propio narra otra que aún no es leyenda pues desconocemos su final. Sin embargo, y si aún es valedero el viejo refrán que indica; “por la víspera se saca el día”, podemos afirmar que la nueva aventura político-empresarial tiene que ver con el inconmovible yuan.
A pesar de lo anterior muchos creen, o al menos pretenden hacerlo, que el costarricense promedio tiene las fortalezas necesarias para sacar ventajas de tratados comerciales con países asiáticos. No es igual producir pagando salarios decentes, que hacerlo a bajo costo poniendo niños a trabajar sin ninguna protección, y manipulando materiales tóxicos. Si consideran los creyentes que esto no es verdadero, pregúntenle primero al secretario general de la ONU el atareado Ban Ki-moon.
El tratado con Europa sí nos tiene esperanzados. Imagínense no más, lo bueno que sería poder dar a bajo costo los lindos establos suizos, que si bien son utilizados para albergar vacas, son mil veces más bellos que los tugurios de lata que abundan en nuestro país. Una cosa es admirar multicolores paisajes creados por Matisse, y otra muy diferente es escuchar y creer en historias de quimérica raíz.
Es conveniencia de todos que el gobierno de doña Laura tenga un final feliz. Primero está la patria y luego todo lo demás. Esta forma de pensar de la mayoría de los costarricenses, se asienta precisamente en la formación solidaria heredada de nuestros antepasados. Esto es muy diferente a no poder señalar lo que la mayoría de los liberacionistas han aceptado: el gobierno económicamente está a punto de colapsar.
Algunos compatriotas prefieren permanecer a la intemperie, abrumados por la brisa y observando palmeras bajo el sol, que disfrutar de los goces que ofrece la histórica Roma, o admirar a París desde lo alto de la Torre Eiffel. Y quizás tengan razón. Mientras tengamos derecho al berreo muchos aceptamos desganados seguir escuchando fantasías, pero, viviendo libremente en nuestra querida Costa Rica.

Jorge Castro Guardia
Administrador