Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 22 Abril, 2010


De cal y de arena
Brigadas de choque

Desde hace rato las “brigadas de choque” del Estado costarricense marchan sobre el borde del precipicio donde la ley cede espacio al atropello a la dignidad de la persona. Acuarteladas en el OIJ, en la DIS, en el GAO y a veces hasta en la Guardia Civil, proceden con métodos propios del aparato policiaco de los regímenes de fuerza. Sin noción alguna de los Derechos Humanos ni del sentido de racionalidad y proporcionalidad que debe alimentar el ejercicio de la autoridad en una democracia, se lanzan como matones sobre el ciudadano que protesta, le quiebran los dientes y le aplastan la cara contra el pavimento. Esto es ejercicio premeditado de la fuerza. Tan premeditado como que la fuerza queda reservada para reprimir toda capacidad de reacción de esos contestatarios, jamás para entrar a los “bunkers” donde las más rancias pandillas deciden el mañana de las operaciones que le aseguran el control de vastas áreas urbanas y rurales.
Ayer nos azoraba el empirismo de los oficiales de Archibaldo que para aprehender “legalmente” a alguien, echaban a su bolsa un poco de marihuana. Años después trascendió que una oficina de seguridad nacional “pinchaba” teléfonos y se hacía de información personal de los críticos del gobierno. Hoy, en nombre de la seguridad nacional, so pretexto de la necesidad de preservar el orden público y por virtud del deber de perseguir al delincuente, las “brigadas de choque”, en manada, con alevosía y premeditación, arremeten contra los contestatarios del régimen, les quiebran los dientes, les sacan la sangre y entran a patada pareja sobre su humanidad. Este es su método para preservar el principio de autoridad, hacer respetar la ley y reabrir el paso por las vías públicas. No se dan cuenta de que así también y esto es lo más grave provocan la ruina de la democracia.
Si algo bueno hay en el asalto de las fuerzas de choque del OIJ al recinto de la Universidad de Costa Rica, es haber puesto en el tapete de las discusiones esa constante de matonismo, prepotencia e irrespeto a la integridad del ciudadano en los operativos que llevan a cabo, ellas y los otros contingentes policiacos. Grave es que ciertos altos mandos no atinen a entender que la búsqueda y preservación de la seguridad ciudadana no puede atropellar la institucionalidad ni la integridad de las personas que han tenido la audacia de encarar la arbitrariedad o de manifestar su disenso o su repudio, aun cerrando las vías públicas. Como lo hicieron tras quemar “La Información”, durante la Huelga Bananera del '30, contra la reforma electoral de los '40, contra la venta del Palacio Nacional, contra Alcoa, contra las Embajadas de Estados Unidos y de Nicaragua, contra el Combo-ICE o contra la minería metálica a cielo abierto. La historia de la Nación registra estos hechos como expresión de vitalidad democrática y sin negarles legitimidad. Como sí se la han negado a toda reacción de brutalidad y matonismo de parte del aparato policiaco del Estado.

Álvaro Madrigal