Enviar
Borrascosa geopolítica


Con características muy especiales transcurre este año la reunión de jefes de Estado y de gobierno en una Asamblea General de Naciones Unidas en donde los países menos desarrollados levantan su voz para recriminar a los más desarrollados y ricos algunas actuaciones.
Lo hacen, por ejemplo en el caso del presidente de Honduras, Manuel Zelaya, no solo para reclamarles una falta de solidaridad con los más necesitados sino por no haber puesto los debidos controles a la economía especulativa permitiendo el estallido de un “sismo financiero mundial con graves repercusiones para los más pobres” , algo que por primera vez no se originó en América Latina ni en los países emergentes, en palabras del ex presidente del Gobierno español Felipe González, expresadas en la Cumbre Empresarial Veracruz 2008.
“Hoy, que se apresuran en salvar los grandes bancos de la quiebra por la crisis creada por el capital especulativo y fraudulento, por un valor superior a los $700 mil millones, hay que recordarles que con la tercera parte de esta cantidad se podría eliminar la pobreza de Africa, América y Asia”, precisó Zelaya.
Sus palabras no pueden verse como un acto aislado sino en el contexto de fenómenos del momento en medio de los cuales una Latinoamérica de por sí agobiada por la corrupción de cuello blanco que también afectó a países desarrollados y ricos, ha visto fracasar además políticas tomadas en las últimas décadas aceptando como bueno el mandato de organismos internacionales que luego esos mismos entes aceptaron como desacertado. El mundo desarrollado equivocándose.
En esas condiciones, hoy América Latina busca desesperadamente un camino al desarrollo en un escenario movedizo en el cual una China comunista, en donde todos los negocios los hace el Estado, realiza un despliegue de mercado global y un Estados Unidos, la mayor potencia mundial y líder del libre mercado, pone cosas en manos del Estado al nacionalizar bancos privados y una compañía de seguros para salvarlos del peligro de la quiebra en medio de una de sus peores crisis financieras del siglo.
Pareciera que hay que tomar en cuenta este contexto, de cambios vertiginosos y no tan fáciles de prever y asimilar, a la hora de observar las posiciones, acertadas, equivocadas o vacilantes de las naciones latinoamericanas.
Ver comentarios