Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

Enviar
Martes 20 Enero, 2015

Son enormes las calamidades e injusticias que viven las parejas del mismo sexo por no poder unirse de manera legal


Entre las aulas y las calles

Basta de clósets: urgen derechos igualitarios


Costa Rica proyecta muchísimas ilusiones: características o cualidades que pensamos que tenemos como país, pero no es así. Una de ellas es el respeto y garantía de las derechos humanos, y aún más específico, los derechos de las parejas del mismo sexo y de personas sexualmente diversas.
El país lleva bastantes años de atraso en esta materia. Mientras otros países y estados dan pasos importantes como unión civil o matrimonio para personas del mismo sexo, adopción de menores, reconocimiento del cambio en la identidad de género, entre otros ejemplos, en Costa Rica seguimos siendo víctimas de la doble moral, el conservadurismo y los prejuicios.
Y aunque hay un reflejo de cambio en la sociedad con respecto a estos temas, en el Estado y en todo su aparato legal seguimos estancados, sin avance alguno.
Hay varios proyectos que pretenden reconocer las uniones entre parejas del mismo sexo, en diferentes niveles. El más ambicioso (y el ideal) es el de matrimonio igualitario, el cual continúa en la etapa de recolección de firmas para que sea presentado por la vía de la iniciativa popular. El de unión de hecho, el cual también atañe al Código de Familia, lleva años en el parlamento sin mayor esperanza de que avance.
Sin embargo, el proyecto llamado sociedades de convivencia, el más tímido, leve y limitado de todos para dar algún tipo de reconocimiento a estas parejas, era el único que hasta la campaña presidencial del año pasado, contaba con el apoyo de casi todos los partidos que lideraban las encuestas. Hasta el PLN. Y con un apoyo muy contundente, por supuesto, del Frente Amplio y de Acción Ciudadana.
Una vez que el PAC gana el Ejecutivo, se compromete públicamente y con las organizaciones sociales (así como en muchos otros temas), a impulsar el proyecto de sociedades de convivencia. El proyecto más limitado, pero aun así, muchísimo mejor que lo que se tiene ahora: nada.
Son enormes las calamidades e injusticias que viven las parejas del mismo sexo por no poder unirse de manera legal; pero lo más grave es el Estado dando un mensaje muy duro: su unión vale menos que la de un hombre y una mujer. Por ello es necesario un cambio.
¿Pero qué pasó con el presidente Solís y con esa promesa? Hace poco apareció el ministro Jiménez, con el mismo lenguaje que la mandataria anterior, anunciando que el proyecto ya no será impulsado por el Ejecutivo. ¡No se vale! La espera ha sido mucha. A los grupos que luchan por su aprobación se les ha dado largas, se les ha burlado y se ha evadido por toda forma el tener que votar el proyecto.
¿Y ahora el gobierno de cambio también da la espalda? No. El proyecto debe ser convocado. Y más que solo eso, Casa Presidencial debe usar todas sus herramientas para conseguir los votos necesarios para su aprobación. Este es uno de tantos temas en los que se debe reflejar el cambio que anunció el gobierno del PAC, de lo contrario, mejor pueden guardarse la bandera de la diversidad el próximo 17 de mayo.
Los DDHH no se negocian, ni se utilizan como letra de cambio para conseguir votos. Los DDHH se deben garantizar y es tiempo de que el gobierno salde la deuda que sus antecesores evadieron a toda costa.
Las grandes transformaciones no surgen espontáneamente. Surgen porque gente visionaria y valiente quiso impulsarlas. Es hora que demos un paso hacia adelante en materia de DDHH.

Alejandro Madrigal Rivas

Expresidente de la FEUCR