La energía es un recurso esencial para cualquier sociedad y sus patrones, condiciones y limitaciones en su suministro afectarán directamente el bienestar de cualquier país, la calidad de vida y las oportunidades de desarrollo humano de sus habitantes.
En cuanto a los cambios en el sector energía como parte de la transición energética, la tecnología continuará siendo el impulsor crítico hacia una economía baja en emisiones de carbono de aquí a varias décadas como parte de un proceso que se lleva a cabo en cambios en las llamadas Eras Energéticas.
Estas eras energéticas han inducido eras económicas diferentes en el mundo y han respondido a necesidades diferentes humanas, sociales, ambientales, económicas y de seguridad energética, asociadas a tecnologías también diferentes.
Esta es una evolución sin fin. La madera o leña dominó el panorama energético mundial hasta el siglo XVIII, hasta que vino el carbón, que empezó a dominar en el siglo XIX y hasta la primera mitad del siglo XX. El petróleo inició su ascenso en la primera mitad del siglo XX y llegó a ser el combustible dominante antes del inicio de la segunda mitad del siglo XX. En el siglo XXI, los expertos estiman que el petróleo (número uno actualmente) y el carbón (número dos) van a ceder su posición dominante al gas natural (número tres), el cual se convertirá en el combustible número uno del siglo XXI, para ceder luego esta posición a otras fuentes renovables de energía de aquí a varias décadas.
Estos cambios energéticos han inducido dramáticos cambios económicos y sociales en el desarrollo de la humanidad y lo seguirán haciendo.
La principal diferencia de la transición energética actual, en comparación con las transiciones anteriores, es que ésta está impulsada por una necesidad global de descarbonización de las economías de los países para mitigar el cambio climático.
En esta transición se busca un cambio de paradigma que no solamente implique el reemplazo progresivo de los combustibles fósiles por energías renovables y otras energías limpias, sino que también se busca la digitalización, la electrificación y la descentralización del sistema energético.
A diferencia de las transiciones anteriores, las políticas gubernamentales han adquirido un mayor protagonismo y tienen un enfoque simultáneo en los siguientes tres objetivos fundamentales:
Seguridad energética: satisfacer la demanda energética actual y futura con alta seguridad de suministro y tener la capacidad para resistir y responder a los choques del sistema.
Competitividad energética: satisfacer la demanda con costos bajos y competitivos a nivel internacional.
Sostenibilidad ambiental: mitigar y evitar la degradación ambiental y los impactos en el cambio climático.
La evidencia en el mundo demuestra que, para lograr la necesaria transición energética que conduzca a la creación de un nuevo sistema energético totalmente diferente al actual, se deben equilibrar y balancear de manera simultánea las acciones y los resultados en los tres objetivos críticos anteriores.
En el mundo se tiene claro igualmente que la energía de origen nacional es la mejor opción para lograr lo anterior ya que es más difícil que sea alterada (en precios, en seguridad de suministro, etc.) por eventos ocurridos en el extranjero, por lo que el abastecimiento local de energía para lograr altos niveles de independencia y abundancia energética está surgiendo como un objetivo nacional superior en muchos países.
Dada la compleja, incierta y peligrosa coyuntura que ha venido ocurriendo en la geopolítica en el mundo, los países han venido buscando ser cada vez más independientes energéticamente y lograr altos niveles de abundancia energética nacional.
Con respecto a la complejidad de la transición energética, el Oxford Institute for Energy Studies de la Universidad de Oxford del Reino Unido, ha señalado que la transición energética implica, entre otros aspectos, cambios radicales en al menos tres dimensiones fundamentales que están fuertemente interrelacionadas:
Los elementos tangibles del sistema energético, los cuales incluyen la tecnología, la infraestructura, el mercado, los equipos de producción, los patrones de consumo y las cadenas de distribución.
Los actores del sistema energético y su conducta, lo cual incluye las nuevas estrategias y los patrones de inversión, así como el cambio de las coaliciones y las capacidades de los actores públicos y privados.
Los regímenes socio técnicos que contienen las regulaciones, las políticas formales y las instituciones, así como la mentalidad y las creencias de la gente y las opiniones sobre la nueva normalidad y las prácticas sociales.
Un artículo escrito por el reconocido experto internacional en energía Daniel Yergin, titulado “Why the Energy Transition Will Be So Complicated”, señala los siguiente:
La transición energética es mucho más compleja de lo que se cree.
A menudo no se comprende bien la complejidad y las dificultades de la transición debido al grado en que el mundo depende actualmente de los combustibles fósiles y cómo manejar esta problemática durante la transición.
Como consecuencia de lo anterior, muy a menudo se proponen “soluciones” simplistas, y muchas veces populistas, que no solamente no cumplen con sus objetivos, sino que más bien agravan la situación energética.
Un estudio titulado “World Energy Transitions Outlook 2024 1.5° C Pathway”[1], publicado por IRENA (International Renewable Energy Agency) señala lo siguiente:
Casi diez años después, la necesaria transición de la matriz energética de fósiles a renovables sigue siendo difícil de alcanzar.
La mayoría de los países del G20 -los mayores consumidores de energía del mundo, responsables de más del 80 % del consumo energético global- dependen de los combustibles fósiles para más del 70 % de su energía primaria.
Alcanzar un nivel adecuado de energía renovable es fundamental para cumplir los objetivos climáticos globales y requeriría una inversión significativa y apoyo político, así como una innovación continua.
La matriz energética mundial estuvo dominada por los combustibles fósiles, que aportaron el 82 % de las TPES (Total Primary Energy Supply), mientras que las energías renovables y la nuclear representaron el 14 % y el 5 %, respectivamente.
De acuerdo con el estudio titulado “Energy Review 2025”[2], publicado por la International Energy Agency (IEA), la matriz energética en el mundo en el 2024 fue la siguiente, por lo que el camino a recorrer todavía en la transición energética en muy largo y complejo y parte de una base muy establecida de combustibles fósiles:
Petróleo: 29,8%
Carbón: 27,4%
Gas Natural: 23,0%
Renovables: 15,0%
Nuclear: 4,8%
Los combustibles fósiles siguen sustentando fuertemente el sistema energético mundial actual y representan el 80,2% de la matriz energética.
La matriz energética de Costa Rica, de acuerdo con el último Balance Energético Nacional, tiene una altísima y creciente participación del petróleo importado, la cual, lejos de disminuir, ha venido creciendo debido a que el consumo de los caros derivados de petróleo importados crece más rápidamente que el consumo de fuentes nacionales renovables de energía:
Derivados de petróleo importados: 65%
Electricidad: 22%
Bagazo: 5%
Coque y carbón vegetal: 3%
Leña: 3%
Otros: 2%
A nivel del suministro de energía, la transición energética tiene tres ejes fundamentales de acción donde las acciones deben cumplir de manera equilibrada con los tres objetivos fundamentales de la transición (reducción de los costos y de las emisiones al ambiente y aumento de la seguridad energética):
Transición de no renovables fósiles a renovables. Sustitución progresiva de las fuentes de energía no renovables por renovables y otras energías limpias de bajo costo.
Transición entre renovables. Aumento de la participación en el suministro energético de las renovables más baratas, como la solar y eólica.
Lo anterior para que complementariamente, y como parte de la transición energética, se reduzcan más rápidamente los costos y las emisiones al ambiente mientras las energías renovables evolucionan técnica y económicamente en los mercados energéticos para finalmente apoderarse por completo del suministro energético de los diversos sectores económicos y sociales de los países en las próximas décadas.
La transición energética, que es un proceso de continua evolución (tecnológica, económica, etc.), avanza satisfactoriamente cuando los cambios en los diferentes campos reducen los costos y las emisiones al ambiente y aumentan la seguridad energética.
Estos cambios estructurales, al ser muy complejos y capital intensivos, forman parte de un proceso de cambio que requiere tiempo (décadas) como ha ocurrido en el pasado las transiciones energéticas anteriores.
Por las razones anteriores, y muchas otras más, los expertos en el mundo estiman que los combustibles fósiles seguirán desempeñando todavía un papel importante en la matriz energética durante un largo período, aunque descendiente conforme vaya avanzando la transición.
Por otro lado, no hay ninguna fuente de energía que por sí sola sea la solución. La solución es el desarrollo de un conjunto diversificado y evolutivo de varias fuentes de energía y balanceado en sus características (bajo costo, alta seguridad energética y bajas emisiones al ambiente).
Las tendencias de la transición energética muestran que la matriz energética mundial será en el futuro la más diversificada jamás vista en la historia de la humanidad debido a los continuos adelantos tecnológicos que están ocurriendo.
Las transiciones energéticas son lentas debido a la enorme magnitud del cambio estructural que se debe efectuar y de las inversiones que se deben realizar a nivel público y privado que conllevan.
Por lo que pasarán décadas hasta que las energías renovables, los combustibles sintéticos basados en energías renovables y otras fuentes de menor o nulo impacto climático se hayan apoderado progresivamente y por completo de todos los sectores de la economía.
Las grandes inversiones que se deben realizar en la transición energética no solamente serán para sustituir las fuentes que proveen energía actualmente en los múltiples usos actuales, sino que también son las inversiones que se van a requerir con las nuevas fuentes para asegurar el suministro de la creciente demanda energética.
Además de la sostenibilidad ambiental (incluyendo la sostenibilidad climática), la evidencia está demostrando que no es posible realizar la transición energética sin que las nuevas fuentes de energía que se introducirán continuamente en la transición energética tengan costos iguales o más bajos que las fuentes de energía que van a sustituir y una seguridad de suministro igual o superior.
[1] WORLD ENERGY TRANSITIONS OUTLOOK 2024 1.5° C PATHWAY , IRENA (International Renewable Energy Agency) chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://www.irena.org/-/media/Files/IRENA/Agency/Publication/2024/Nov/IRENA_World_energy_transitions_outlook_2024.pdf
[2] Energy Review 2025, International Energy Agency (IEA), https://www.iea.org/reports/global-energy-review-2025





































