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Debemos conocer todas las culturas, valorarlas y respetarlas, pero cultivar con esmero los mejores rasgos de la nuestra

Aquello que nos distingue

Celebrar el Día de las Culturas debe ser hoy más que nunca no solo una fecha para rendirle honor a la propia sino una oportunidad para reflexionar en la importancia de conservarla y difundirla para que sea reconocida en un mundo que tiende a homogeneizar gustos y modas.

Vemos hoy a los países más desarrollados haciendo toda clase de esfuerzos por fortalecer los mejores rasgos de sus culturas locales y por darlas a conocer al mundo con orgullo. Pero no solo trabajan en esto los ministerios de cultura, como es lógico que lo hagan. Se desarrollan verdaderas políticas de Estado para destacar en el concierto de las naciones mediante las mejores características culturales.

Más allá de los estados y coordinando con estos, las empresas que ofrecen a nacionales y al resto del mundo sus productos y servicios se suman a esta necesidad de proclamar la cultura y no solo venden objetos o alimentos sino, junto con ellos, la historia de sus lugares de origen y el conocimiento sobre su forma de elaborarlos.

Costa Rica cuenta con importantes rasgos propios de su cultura, de gran valor, que debe preservar celosamente y de los que debemos estar orgullosos. Nuestro amor a la naturaleza, nuestro espíritu alegre y solidario, nuestro idioma, entre muchas otros, son características que deben identificarnos.

Sumidos como estamos en la maravilla de los modernos medios de comunicación, debemos extraer el mayor beneficio de ellos pero nunca permitir que su influencia nos desligue de lo mejor de nuestra forma de ser y hacer.

Las nuevas tecnologías nos permiten conocer otras culturas sin salir de casa, pero de ellas solo debemos emular lo mejor para sumarlo a lo mejor de lo nuestro en un espíritu abierto al conocimiento sin perder identidad.

Debemos estimular la creación de arte y la producción de artesanía como reflejo de nuestros valores y estética. Debemos consumirlos para que en nuestros hogares y ambientes de trabajo y esparcimiento, no solo en nuestros museos, expresen lo que pensamos y sentimos.
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