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Sábado 5 Julio, 2014

Antes de tomar decisiones irremediables como dolarizar, debe determinarse de manera local como remediar los problemas que nosotros mismos hemos creado


¿Apoya la dolarización?... ¡Piénselo!

En el país hay versiones de políticos y economistas con matices que tratan de orientar el pensamiento económico de la gente hacia un marco imparcial guiado por la observación del dólar como la moneda de la salvación. Pero, analicemos una economía que ya dio ese paso; en Ecuador, para la década del 90, la economía de manera informal ya estaba dolarizada en un 90%, Costa Rica lo es hoy un 49%. La función del Banco Central de cada país es controlar la moneda nacional, y deberían establecer criterios certeros de cómo controlar las carteras financieras de monedas extranjeras que en demasía lleguen a alterar los parámetros de equilibrio económico, es decir, es una variable que en exceso de oferta cambia el sentido de las inversiones, créditos y ahorro nacional en moneda autóctona.
Lamentablemente debido a la estructura económica que Ecuador mantenía antes de dolarizar, se salió de las manos poder controlarlo, pero ahora también pareciera inalcanzable poder desdolarizarlo pues tendría un efecto adverso peor en la economía nacional.
El tema de dolarizar una economía, y se dice dolarizar porque es la divisa que más se percibe por la cercanía con Estados Unidos, pues de otra manera podríamos hablar de “eurizar” o “yenizar”; es el antídoto más remoto en el que un ser humano racional podría pensar, dado que es comparable con entregar a la libre la herencia que dichosamente hemos recibido de los fundadores de la patria. Los países deben buscar dentro de sus raíces los recursos, herramientas e instrumentos propios; para poder librar un desarrollo económico sustentado en la propia moneda, en esa moneda en que la gente debe creer y que forma parte de la identidad nacional y de nuestro patrimonio.
Pero, ¿Por qué la gente no cree en la moneda nacional? Lamentablemente los costarricenses no pensamos en nuestro futuro y nos conformamos con una visión cortoplacista de las cosas, vivir la ley del mínimo esfuerzo. Es cierto que el gobierno tiene un papel importante en la regulación de los mercados económicos pero el pueblo juega un papel más importante puesto que es quien tiene que poner en práctica las regulaciones.
Estudiar el caso del Ecuador debería calar en la conciencia de una nación. El tema de moda es Venezuela, y su situación se percibe en el aire de las latitudes más extremas, pero ¿acaso queremos para Costa Rica esa situación?, no la queremos estoy seguro. Entonces pregunto, ¿acaso queremos un Ecuador también? Nos jactamos con el alardeo de que somos el país más seguro de Centroamérica y con mayores índices de escolaridad y desarrollo, pero hablar de ello es muy fácil, lo difícil es mantenerlo; deberíamos entonces educar a la juventud con este tipo de ejemplos para que cambien su manera de pensar, romper esa burbuja de confort en la que vivimos, y de observar lo delgado del hilo que mantiene salva la economía.
Por eso antes de tomar decisiones irremediables como dolarizar, debe determinarse de manera local como remediar los problemas que nosotros mismos hemos creado, y aprovechando la “fortaleza” del sistema educativo, analizar qué nivel de educación e inteligencia financiera se tiene y atacarlo desde las aulas, antes de que este círculo vicioso se haga mayor.
Para el Ecuador el destino ha sido escrito y tendrán que cargar la cruz de la dolarización, pero para Costa Rica, se están descubriendo síntomas que deben ser observados a profundidad y empezar a aplicar medidas para garantizar la estabilidad en el futuro.
El país que mayor ventaja tiene no es el que más recursos tenga, sino el que sepa administrarlos eficientemente.

José David Campos Cruz

Técnico aeronáutico y estudiante administración de negocios