Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 21 Noviembre, 2012

El PLN, el que más ha reprimido la libertad de expresión y de prensa nacional, de nuevo impulsa represión y cárcel a quien ejerza la libertad de prensa e información, al incluir en la ley de Delitos Informáticos artículos de la legislación dictatorial y militar argentina


Pizarrón

Antes que mandatarios, educadores de un pueblo

Luego de la Dictadura de Federico Tinoco (1917-1919) solo el Partido Liberación Nacional (PLN) y algunos de sus gobernantes se han ensañado contra la Libertad de Prensa, de opinión, expresión e información ciudadana.
Empezó José Figueres en su gobierno, autoritario, militar y de facto, el de la Junta de Gobierno (1948-1949), y en el siguiente, también represivo (1953-1958), que prohibió la prensa propia de los comunistas y su participación por radio. Después, Francisco Orlich (1962-1966) prohibió la circulación del Semanario Adelante, y Luis Alberto Monge (1982-1986) cerró Radio Noticias del Continente.
El PLN, el que más ha reprimido la libertad de expresión y de prensa nacional, de nuevo impulsa represión y cárcel a quien ejerza la libertad de prensa e información, al incluir en la ley de Delitos Informáticos artículos de la legislación dictatorial y militar argentina, para penar el periodismo de investigación y el derecho a ser bien informado, enviando a prisión a quienes procuren u obtengan informaciones políticas secretas (¿?).
El Benemérito Dr. José María Castro Madriz, adalid de la Libertad de Prensa, afirmó:
“Quiera Dios que durante mi presidencia sean saciadas las hambres de libertad de prensa para que mis sucesores encuentren calmados los ánimos y encauzado, por sí solo, este derecho incontrovertible del hombre a un plano de más elevadas miras...”
“La civilización del siglo ha definido la libertad política y religiosa, elevándola a dogma de paz y de ventura. Como tal la conozco y sabré acatarla y sostenerla”.
“La libertad de la prensa es un derecho consagrado por la ley, y como tal debo respetarlo, cualquiera que sean las consecuencias que de su ejercicio para mí resulten. Quizás su acción en estos momentos no sea favorable para mi Gobierno, desde luego que contra él se esgrimen con no disimulada furia sus armas; pero esa libertad es una de las que a la nación más honran, y andando el tiempo, de las que más habrán de aprovecharle; y entre lo que creo que le conviene a la nación y lo que me conviene a mí, como Jefe de ella, yo no vacilo. Primero y ante todo la nación, y primero el derecho de los ciudadanos a ella, que lo que pudiera convenirme a mí en esta jefatura transitoria, que mucho me honra, pero que para mi corazón y mi espíritu tiene poco de placentero, y sí mucho de mortificante, puesto que ejecutando el bien, según mi conciencia, me expongo a cosechar en perjuicio personal mío males sin cuento.
Que sea así en buena o mala hora; pero mi mano no suscribirá jamás nada que pueda ser atentatorio contra derechos que están consagrados por las costumbres, a menos que estos pudieran tener carácter manifiestamente dañino a la moral social, como quedan todavía algunos, cuya desaparición debemos confiar, sin embargo, antes que a nuestra acción coercitiva, a la marcha depurativa y lenta, pero siempre segura, de los tiempos.
Para esos somos, antes que mandatarios, educadores de un pueblo … cuyo espíritu debemos fortalecer adiestrándolo en el ejercicio amplio de sus capacidades sociales, y no debilitarlo, escamoteándole la facultad de realizar, en todos sus campos y con entera plenitud, los que la ley le consagra como legítimos derechos suyos”.

Vladimir de la Cruz