Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 14 Febrero, 2018

Pizarrón

Ante la segunda ronda electoral

El escenario de la final electoral del primer domingo de abril está formalmente establecido, dos partidos políticos: Restauración Nacional y Acción Ciudadana, y dos candidatos: Fabricio Alvarado y Carlos Alvarado. Esto no va a cambiar. Entre ellos hay que decidir. Aquí no juega ya el 40% de los votos válidos para escoger. Gana el 1° de abril quien tenga más votos, que en cualquier caso siempre será la mitad más uno de los votantes. Este método hace funcional el sistema electoral existente, porque siempre producirá un ganador, un presidente. De aquí la mayor responsabilidad que tenemos todos los ciudadanos no solo de ejercer el derecho de voto, sino el deber de hacerlo con conciencia de la grave situación que en este sentido enfrenta el país.

Funciona, para este proceso electoral, igualmente, la regla de que si quedasen empatados, gana el de mayor edad, en este caso Gerardo Fabricio Alvarado Muñoz, 43 años, de Restauración Nacional y no Carlos Andrés Alvarado Quesada, 38 años, de Acción Ciudadana.

La experiencia de las segundas vueltas que hemos tenido en el país, en 2002 y en 2014 indican que hay menos votantes en la segunda vuelta que en la primera.

Así, en las elecciones de 2002 hubo, en febrero, una participación del 68% de los electores del padrón nacional, y un 32% de abstencionistas, y en la segunda vuelta, abril de 2002, hubo un 60% de votantes, con un 40% de abstencionistas.

En las elecciones de 2014, donde volvió a darse la segunda vuelta, tuvimos en las elecciones de febrero un número de votantes del 69% del padrón nacional, con un abstencionismo del 31%, y en la segunda vuelta el abstencionismo alcanzó el 43%.

En las elecciones actuales de 2018 participó un 65% del padrón nacional, con un 35% de abstencionismo, con lo cual si se mantiene el mismo patrón, el abstencionismo de la segunda ronda, abril de 2018, podría alcanzar a cifras superiores al 45%, además de que se inscribe esta segunda ronda en la Semana Santa, siendo el día de votación el último de la Semana Mayor, el Domingo de Resurrección, con el “sánguche” que provoca el Jueves y Viernes Santo, feriados por ley, anteriores a ese domingo, y la desmovilización general que la misma Semana Santa genera por el desplazamiento de miles de personas a disfrutar de esos días, como fechas no laborables, o días de vacaciones, según se tomen y se disfruten, siendo que quienes así los pueden disfrutar son las clases medias, medias bajas, medias medias y medias altas, y altas, más de la Gran Área Metropolitana, que del interior del país, lo que probablemente pueda incidir directamente en el mayor abstencionismo del primer domingo de abril

Pero, ¿quién se beneficia de este nivel de participación, tanto de votantes como de abstencionistas? Lo más seguro es que el nivel de abstencionismo perjudique más al partido Acción Ciudadana que a Restauración Nacional.

Los votantes de Acción Ciudadana, ha quedado demostrado, están en el interior del país, no en las zonas y provincias periféricas, no en las zonas marginales y pobres del país, no en los cantones alejados, excluidos y abandonados de las políticas públicas, y hasta de las políticas sociales públicas, donde la acción de las iglesias cristianas no católicas resuelven, en la práctica, y en la inmediatez de las necesidades, las solicitudes y ayudas que los ciudadanos requieren.

3.276 iglesias o templos cristianos no católicos, distribuidos por todo el país, especialmente, en estas regiones y poblaciones marginales y de población pobre, sin olvidar la base social que les significa el 22% de pobreza general y el 6% de pobreza extrema existente, que tiene el país, donde estos grupos religiosos actúan. Pero, también actúan en los sectores medios y altos, y hasta en el sector empresarial, que tienen organizado, y este, en vínculo estrecho con el sector empresarial internacional.

En la estructura organizativa de los templos los hay megatemplos, que logran reunir desde 5 mil hasta 10 mil feligreses por actividad religiosa, y los restantes. Hay distritos donde en una distancia de menos de 3 kilómetros hay 18 templos no católicos, disputando y organizando las almas.

Pero no solo los templos. Cerca de diez canales de televisión nacional y regional, más de 20 radioemisoras, con sus repetidoras, dos periódicos y varios medios digitales, de carácter cristiano no católico hacen la diferencia con cualquier partido político. NI el gobierno tiene este grado de influencia.

Ningún partido político tiene un periódico importante propio. Algunos partidos políticos tienen mensuarios de escasísima circulación. Ni hojas sueltas hacen circular. Información de páginas electrónicas mal diseñadas, sin claros objetivos políticos, es lo que algunos partidos políticos tienen. El Eco Católico, de la Iglesia católica, para leerlo hay que irlo a buscar a las iglesias, o a algunas casas curales, y aun así resulta difícil su obtención. No tiene buena difusión, y comparado con esos otros medios poco tiene de presencia.

En las mediciones tradicionales de encuestas se ha señalado un voto llamado “duro” que corresponde de manera específica al de los votantes que se identifican con un determinado partido. Así, por ejemplo, el Partido Liberación Nacional es el que mejor posicionado tiene este electorado. En estas elecciones, en general, las encuestas ubicaban ese voto “duro” en un 23%, mientras la simpatía por su candidato no llegaba al 20%, lo que se expresó en el voto a diputados que recibió este partido, igual que en la campaña electoral de 2014, y le produjo la fracción parlamentaria más grande, de la próxima Asamblea Legislativa, 17 diputados, aun cuando pierde uno con relación a la actual.

Los partidos que han perdido militancia han perdido sus votos “duros”. Las iglesias no católicas que han ido creciendo, especialmente desde 1980, un 28% de la población nacional se identifica con ellas, han ido fortaleciendo sus militantes, sus adherentes, sus afiliados, sus “votos duros”. Los asistentes a estas iglesias son disciplinados, obedientes, seguidores fieles de lo que los pastores y guías espirituales digan. Son más sólidos en estos aspectos que la grey católica, y más sólidos aún que los militantes partidarios, que se “enredan” con la “libertad” de discutir, con la “democracia” intrapartido, con la posibilidad de “disentir” de las líneas partidarias.

Basta señalar que la sola posibilidad de que Antonio Álvarez, Liberación Nacional, haya insinuado la posibilidad de un acuerdo con Restauración Nacional, sus seguidores y votantes se dividieron y su propio partido también.

Lo que decía antes el líder político hoy ya no es tanto de acatamiento obligatorio por sus seguidores, como sí es de acatamiento y obediencia lo que señale el pastor o el guía espiritual de estos cristianos no católicos. Esta es una diferencia sustantiva en este proceso electoral de la segunda ronda. En materia religiosa no hay estas libertades ni poses democráticas ni ultrademocratistas, como sucede en algunos partidos políticos. Los problemas de la fe no se discuten, se acatan. Y se acata la directriz de ir a votar por Fabricio Alvarado como ya está instruyendo, incluso advirtiendo de que estos feligreses no deben desplazarse en la Semana Santa de sus sitios de residencia y oración.

Para el caso de los partidos Restauración Nacional y Acción Ciudadana, que terminaron finalistas, las encuestas no les daban un voto “duro” significativo. Apenas iban levantándose los candidatos sobre sus partidos. Igual sucedía con la Unidad Social Cristiana, su candidato superaba en mucho al partido, en apoyo, en lo que indicaban las encuestas, y en la realidad también así sucedió, mientras en Liberación Nacional el partido sostenía al candidato.

Así, también, si en Liberación Nacional el partido elige los diputados, en la Unidad Social Cristiana el candidato eligió los diputados, aumentado su número para la próxima Asamblea Legislativa.

No fue así para los partidos Restauración Nacional y Acción Ciudadana. Restauración Nacional como partido era débil en el conjunto electoral. De los partidos finalistas era quizá el más débil, con un solo diputado, de la actual Asamblea Legislativa, que era a la vez su candidato presidencial, mientras Liberación Nacional era el partido más poderoso, con 18 diputados, y la Unidad Social Cristiana con ocho diputados actuales, colocado este en el cuarto lugar parlamentario, detrás de Acción Ciudadana que tiene 13 diputados y el Frente Amplio que tiene nueve diputados actuales. En el caso de Restauración Nacional, que fue la sorpresa victoriosa, remontó su candidato y eligió 14 diputados. Acción Ciudadana, partido que ejerce el gobierno de la República, superó a la Unidad Social Cristiana y a Liberación Nacional, perdiendo tres diputados. El Frente Amplio, que casi desapareció al elegir un solo diputado, sufrió una debacle electoral causada por su propio trabajo político y parlamentario, por su mal desempeño y proyección en este sentido, por su mala conducción partidaria.

La Unidad Social Cristiana por cuarta vez consecutiva, 2006, 2010, 2014 y 2018, no finaliza como partido gobernante, y Liberación Nacional por segunda vez consecutiva, 2014 y 2018, tampoco termina como partido gobernante. Ya había tenido Liberación Nacional una situación similar en 1998 y 2002, cuando en ese periodo gobernó el país la Unidad Social Cristiana de manera consecutiva.

Para la Unidad Social Cristiana no ha sido una derrota este final. Desde 2006, cuando se expresó la crisis de la situación que sufrieron sus expresidentes, ha ido levantándose poco a poco, y con las candidatura de Rodolfo Piza en 2014 y ahora en 2018 se ha recuperado, y ha remontado con éxito proyectado.

Pero, para ambos partidos, Liberación Nacional y la Unidad Social Cristiana, por primera vez, no disputan la final, quedando excluidos de esa posibilidad. En la segunda ronda de 2002, la final fue entre Liberación Nacional, Rolando Araya, y la Unidad Social Cristiana, Abel Pacheco. En la segunda ronda de 2014 la final fue entre Liberación Nacional, Johnny Araya, y Acción Ciudadana, Luis Guillermo Solís. En esta ocasión, 2018, será la final entre Acción Ciudadana, Carlos Alvarado y Restauración Nacional, Fabricio Alvarado. Esto es lo más novedoso políticamente. Los elementos partidarios del bipartidismo tradicional quedaron fuera. Nuevos partidos, surgidos en el siglo XXI, disputan hoy el gobierno de la República.

El comportamiento de los electores en las segundas rondas de 2002 y de 2014 fue por la libre. Esto significa que ante el escenario de la segunda ronda, con los dos partidos y candidatos finalistas, los electores de los otros partidos políticos que quedaron fuera, y por la libre decidieron a quien darle su voto, de la misma manera que en ambos procesos electorales de segunda ronda, se retiraron de votar un grupo de ciudadanos aumentando el número y el porcentaje de abstencionistas.

En ambas segundas rondas pesó el sentimiento anticandidatos de Liberación Nacional, que era bien marcado, así como el sentimiento antipartido Liberación Nacional que también estaba muy definido. Así, de manera natural, el electorado se inclinó por Abel Pacheco, de la Unidad Social Cristiana, en 2002, y por Luis Guillermo Solís, en 2014. En esta segunda ronda no hay un sentimiento anti Liberación Nacional, pero sí hay un sentimiento antigobierno y por ello anti-Acción Ciudadana.

Los partidos excluidos de participar en la segunda ronda, en estos procesos, de 2002 y 2014, ninguno de ellos, llamó a votar a sus electores por una u otra opción que se presentaba como finalista. De hecho se dejó en “libertad” de conciencia la emisión del voto. Pero esto respondió también a que en el país no tenemos cultura política, ni cultura ciudadana de esta naturaleza, de que los votantes de un partido sean llamados a votar por tal o cual partido o candidato en la segunda vuelta.

No hay tampoco cultura política de pactos o coaliciones electorales en estas segundas vueltas, como se estila en lo sistemas parlamentaristas y europeos. Responde esto a que los partidos políticos hoy son frágiles organizaciones partidarias y débiles organizaciones electorales, carentes de una base militante sólida, que pueda responder a estas “líneas” de partido.

La demanda que hoy se trata de imponer sobre los finalistas de estas elecciones, hacia abril, de posibilidades de coalición, de pactos intrapartidarios, de acuerdos políticos, de que exhiban sus inmediatos colaboradores de gabinete o ministros posibles, son igualmente débiles y frágiles, en posibilidad de materializarse realmente.

La poca cultura política y ciudadana en este sentido, con estos finalistas, Restauración Nacional y Acción Ciudadana, un pacto de esta naturaleza, castigaría a estos partidos en sus bases electorales. Por otro lado, por parte de estos grandes partidos opera la idea de que sin pactos ni coaliciones se resuelva el resultado electoral, de manera que el partido que entre a gobernar asuma la totalidad de la responsabilidad, quedando estos partidos atrincherados en sus parcelas legislativas afinando y apuntando las armas del control político, y de la crítica pública, que se iniciará prácticamente de inmediato a la toma del poder el 8 de mayo.

De los partidos políticos, que recién han participado, solo el Frente Amplio ha dado su apoyo a Acción Ciudadana y ha llamado a sus electores a sumarle sus votos en esta segunda ronda. De hecho, desde su ascenso al gobierno en 2014 habían establecido una débil alianza estratégica con este partido Acción Ciudadana, que fue también su carlanca, expresada así en el apoyo constante a las políticas impulsadas por el gobierno, en el trabajo legislativo, en el esfuerzo que hicieron para las elecciones municipales, sin éxito alguno.

El escenario de estos dos partidos, Restauración Nacional y Acción Ciudadana, como finalistas, pone al electorado en la disyuntiva de apoyar un proyecto de características religiosas atrevido, osado, desafiante, por su naturaleza no católica, con una población mayoritariamente católica, o de apoyar un partido de gobierno, que no está bien visto en esta etapa final por el electorado.

Es la disyuntiva también de mantener un Estado de características liberales, de ejercicio cada vez más amplio de libertades y derechos humanos, de respeto a conductas y derechos de ciudadanos que son minorías, o de impedirlas, restringirlas y hasta de reprimirlas.

Es la discusión de disminuir el peso del Estado en la conducción de la educación pública, que así viene siendo desde 1882, de otorgarles a los padres de familia un derecho de veto sobre lo que los niños y jóvenes deben recibir de contenidos educativos, y de exigir, exageradamente, como se han manifestado algunos padres de familia impidiendo el inicio del ciclo escolar, que la Biblia debe ser el principal texto de estudio en las escuelas.

Estos temas están levemente apareciendo en el escenario de discusión de esta segunda ronda. No así los grandes temas nacionales, que están establecidos en los lineamientos programáticos de gobiernos de ambos partidos.

Los encuentros que han empezado a hacer los candidatos Fabrico Alvarado y Carlos Alvarado con la Iglesia católica y con los partidos políticos, especialmente con los que eligieron diputados, así como los que tienen programados con cámaras empresariales y otras organizaciones son absolutamente válidos y correctos. No hay por qué demonizarlos. Esto es parte de la política nacional, es propio de la necesidad y de la cultura política.

El encuentro con la jerarquía de la Iglesia católica fue determinante e importante. ¿Qué es lo qué más le interesaba a la Iglesia asegurar? No era la cuestión de la familia, del no al matrimonio homosexual, del no a la interrupción del embarazo. En esto la Iglesia católica tiene la misma agenda que Restauración Nacional. Ya desfilaron juntos el 3 de diciembre. Lo que le interesaba a la Iglesia asegurar con Fabricio Alvarado en caso de que él gane es que no se afecten las temporalidades de la Iglesia católica en sus distintas arquidiócesis o diócesis, que no se afecten las celebraciones religiosas católicas que tienen carácter público, celebración de los santos de las diferentes comunidades, de San José, de la Virgen María, de la Virgen de los Ángeles, las romerías distintas que hay en el país, así como el conjunto de bienes que tiene la Iglesia, y los apoyos financieros o económicos que el Estado les da a la Iglesia, a sus sacerdotes y a colegios católicos.

Al año el Gobierno le da a la Iglesia católica alrededor de ¢500 millones. Solo entre los años 2010-2012 el gobierno le dio ¢1.652 millones. Hay en la Asamblea Legislativa el proyecto de Ley 19099, “Para la Libertad religiosa y de culto”, con el cual lejos de fortalecer el secularismo, o de orientarse hacia un Estado laico, se plantea un refortalecimiento hacia varias religiones por parte del Estado, dejando de ser la Iglesia católica la única beneficiaria de este tipo de apoyos. Este proyecto lo impulsó en este gobierno el Ministro de la Presidencia, el obispo luterano Melvin Jiménez, proyecto apoyado entonces por el diputado y actual candidato presidencial Fabricio Alvarado. Además, asegurar que con el nuevo gobierno se van a mantener las exenciones tributarias que la Iglesia católica tiene, ni se le van a restar fondos a las ayudas que la Iglesia recibe para proyectos de bienestar social.

Esto quedó garantizado con Fabricio Alvarado, en la reunión de Paso Ancho, con la jerarquía católica, fortaleciendo el manto religioso de objetivos estratégicos comunes, de ambas congregaciones, la católica y la no católica. A su vez, las iglesias no católicas, en caso de ganar Fabricio Alvarado, se acogerían por iguales a los beneficios que recibe la Iglesia católica por parte del Estado, donde el Estado y el gobierno “evangélico” de Costa Rica definirían cuáles son las religiones que se aprobarían para recibir dichas ayudas. De hecho el proyecto de ley propuesto por el gobierno de Acción Ciudadana haría que el Estado dejara de ser uniconfesional a uno multiconfesional. En parte, tras bambalinas, esto se está jugando en esta segunda ronda electoral.

En esta relación de “prelados”, y estas agendas de temas comunes, entre el candidato de Restauración Nacional y los líderes de la Iglesia católica, queda más débil Carlos Alvarado.

Curiosamente, en el Partido Acción Ciudadana, se ha planteado como un elemento estratégico para esta segunda ronda fortalecer en sus elementos distintos de orden propagandístico el color blanco sobre el amarillo y rojo de su bandera, que por lo demás no lo pueden cambiar como símbolo partidario ni electoral, porque así está inscrito.

Quien impulsa esto en el Partido Acción Ciudadana ha perdido de vista que este color blanco es el que han utilizado los grupos religiosos, católicos y no católicos, para realizar sus marchas provida, antiaborto, antimatrimonio igualitario, y ha perdido su orientación política de entender que eso es contribuir más a esas otras aguas religiosas que a las del Partido Acción Ciudadana, como alternativa electoral en la segunda ronda.

Si fuera un asunto de colores, deberían impulsar el color blanco y amarillo, usando el amarillo de la bandera del Partido Acción Ciudadana, con el blanco, con lo cual utilizarían los colores que tradicionalmente usa la Iglesia católica, lo cual podría darles mayores beneficios políticos electorales, si de ello se tratara, a este partido en la segunda ronda, y pondría el énfasis en la diferencia religiosa que está marcando al país en este momento históricos.

Finalmente, aparecen los grupos paralelos a los partidos políticos, tanto de Restauración Nacional como de Acción Ciudadana. Los de Restauración los de carácter cristiano que ya han empezado a operar en barrios marginales y poblaciones pobres, y a nivel de Acción Ciudadana lo que se ha llamado Coalición Costa Rica, procurando atraer en un solo haz el grueso del electorado alrededor de la propuesta de gobierno de Carlos Alvarado, para evitar la ruptura institucional democrática que se ha logrado constituir y construir del Estado costarricense, y asegurar que las libertades y derechos no se disminuyan, y puedan ampliarse y enriquecerse.

Esta es el escenario electoral que está a la vista de este inicio de segunda ronda. La tramoya electoral ha empezado a funcionar. Procuremos que el movimiento de esta máquina electoral no provoque una trampa, un embuste, un enredo a los electores.

Que de esta segunda ronda electoral los costarricenses debemos salir mejor es la tarea política que nos debe ocupar.