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Sábado 13 Diciembre, 2014

A pesar de que la Constitución prohíbe todo acto de coacción o de violencia, los encargados de la DIS no impidieron que terroristas afincados en Limón atacaran a la guardia civil e incendiaran furgones


Anarquía

Las personas que no aceptan a los comunistas en el gobierno, tienen todo el derecho de manifestar su descontento porque esta tierra es de todos, y no solo del presidente y de los chavistas que lo rodean.
Costa Rica se encuentra frente a una peligrosa encrucijada. La dirigencia del Frente Amplio ha expresado —públicamente— que este gobierno es utilizado de trampolín para adueñarse del poder sin mayores contratiempos.


Aprovechando la débil visión del PAC, los comunistas le imponen las reglas y el presidente, en vez de rechazar las exigencias, se vence fácilmente y acepta que le marquen la ruta porque, tanto él como su equipo carecen de brújula propia.
En 1983, la Comisión de Expertos de la OIT definió los servicios esenciales como aquellos “cuya interrupción podría poner en peligro la vida, la seguridad o la salud de la persona en toda o parte de la población”.
Sin embargo, los aliados del gobierno presionaron para levantar el veto que prohíbe paralizar estas actividades, y así lograr posteriormente, la aprobación de todo tipo de excesos sin que existan obstáculos ni ley que los sancione.
En Venezuela los chavistas expropiaron empresas, destrozaron la economía y multiplicaron la pobreza. En nuestro país los seguidores del más corrupto de los regímenes de toda América, pretenden adueñarse de instituciones públicas claves para luego ponernos de rodillas paralizando el sistema.
¡Huelgas y más huelgas! A pesar de que la Constitución prohíbe todo acto de coacción o de violencia, los encargados de la DIS no impidieron que, terroristas afincados en Limón atacaran a la guardia civil e incendiaran furgones.
Es una irresponsabilidad del gobierno sumergir al país en la vorágine chavista conociendo que los costarricenses no nacimos para ser siervos menguados de grupos extremistas armados de garrotes y cocteles Molotov.
El Presidente tiene una gran deuda moral con nuestra sociedad porque, a pesar de su clara inexperiencia, más de un millón de personas confiaron en sus promesas.
Desde el inicio de su gestión hizo público que apoya las huelgas, y no le importa el costo de las mismas porque es el pueblo quien inevitablemente las financia y sufre las consecuencias.
Los sindicatos agrupados en el Frente Amplio consiguieron el levantamiento del veto, lo que les permitirá controlar al gobierno e intervenir en la empresa privada.
Este gobierno no es más de lo mismo: Es una turbadora experiencia que paralizará la economía, y nos sumirá en la pobreza.

Jorge Castro Guardia