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Jueves, 13 de diciembre de 2018



FORO DE LECTORES


Administración por ocurrencia

| Sábado 12 noviembre, 2011


Administración por ocurrencia

Administrar es el arte de planificar, dirigir, organizar y controlar los recursos de una empresa, para conseguir los fines perseguidos, con eficiencia y eficacia.
Existen varios tipos de teorías y corrientes de la administración entre otras administración científica, clásica, empirológica, conductista y en todas los elementos esenciales son los mismos.
Pero existe una corriente que es usada por aquellos que nada saben de administración, la Administración por Ocurrencia.
En esta los jerarcas se limitan a “manejar” los recursos institucionales, como pulperías propias. Así que si el estado anímico es bueno, encontrarán sus sub-alternos (no me gusta el término, debo usarlo porque decir colaboradores no sería justo, siendo que obedecen sin pensar) un ser sonriente, presto a decir sí.
Pero cuando las hormonas les juegan malas pasadas, no obtendrán más que negativas, reveses y humillaciones, si a él acuden.
No mejor que la desfachatez descrita, es el uso que dan a los recursos materiales, que se asignan y designan a quien le guste, quiera o elija y a lo que le parezca, presienta o consienta.
En este “sistema organizacional” no existe la planificación, ni que decir de la división de funciones por competencias, o la coordinación; son conceptos desconocidos para éste tipo de jerarca.
Son mandatarios “todólogos” por conveniencia, capaces de decidir desde cómo construir un edificio, incluyendo la preparación de planos, hasta cómo mejorar las pruebas de ADN.
Inician sus labores al alba y concluyen a medianoche, porque en sus mentes prevalece que el conocimiento es poder y cuanto más centralice, menos posibilidad tendrán los demás pobres funcionarios, tan lejanos a su estatus, de refutar o cuestionar.
La palabra urgente se “prostituye” con la mayor frialdad, será usada cada vez que se le ocurra, en su cerebro compulsivo obsesivo, que algo debe hacerse Ya; sea por quien sea, como sea y al precio que sea; independientemente si se hace bien o mal; sin miramiento alguno si la prisa conlleva al fracaso y a gastos injustificados.
El “liderazgo” de estas instituciones es opresivo, tiránico y vertical. Por consiguiente, su clima organizacional es frustrante, colmado de funcionarios temerosos, competidores malsanos (serruchapisos), inseguros, insatisfechos y en cantidades importantes, incapaces, y no todos por falta de capacidad, sino por falta de oportunidad para desarrollarse.
Predomina además el nepotismo sobre la aptitud o la justicia. Dolorosa realidad saber que sobre estos “omnipotentes” existen cabezas pensantes, que bien podrían hacer cambios trascendentales, pero que debido a la pereza o confianza depositada en los reiteradamente calificados protagonistas de estos terroríficos escenarios, no lo hacen.
Olvidaba algo que les distingue más que mucho de lo que he citado, son los característicos serviles. Llorarían Fayol, Mayo, Taylor y ni que decir Platón, si hoy pudieran ver semejante blasfemia cometida en contra de la ciencia de Administración. Una frase célebre de Confucio, para terminar “¿Uno que no sepa gobernarse a sí mismo, cómo sabrá gobernar a los demás?”.

María Gamboa Aguilar
Especialista en Recursos Humanos