Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 13 Noviembre, 2013

Para que se reconozca el derecho al voto en blanco, debe incluirse una casilla en blanco para que sea posible expresar esa voluntad. Aún hay tiempo


Pizarrón

¿Abstencionismo, deslegitimación democrática?

El 100% de los ciudadanos que asisten el día de las elecciones a emitir su voto, a ejercer su Derecho Político de elegir y posibilidad de ser electos, son verdaderamente lo que podemos considerar el pueblo electoral activo. Son los que el TSE llama votos válidamente emitidos a favor de algún partido con sus candidatos.
Los que definen al ganador son aquellos que votan en más del 40% por un partido y su candidato presidencial. No importa si no son la totalidad de los electores, o son la quinta parte de ellos, porque con la diferencia, del resto de los votantes de los otros partidos, constituyen el 100% de los votantes, y todos hemos aceptamos esta regla y el resultado.
Ningún candidato o partido saca el 100% de los votos y pocos son los que lo han logrado pasar del 50%.
Los que han superado el 50% de votos en una elección han sido Figueres en 1953, 64,71%, Luis Alberto Monge en 1982, 58,80%, Figueres en 1979, 54,78%, Óscar Arias en 1986, 52,34%, Rafael Ángel Calderón en 1994, 51,59%, Carazo en 1978, 50,51%, Trejos en 1966, 50,48% y Orlich en 1962, 50,29%.
Todos los votantes son los que legitiman el resultado de las elecciones sea cual sea. La democracia electoral no se debilita ni se cuestiona porque ciudadanos no vayan a ejercer su voto. La decisión de integrar gobierno la toman los que asisten. Los que no asisten avalan y aceptan el resultado de los que votaron.
De allí la gran estabilidad política que tiene el país desde 1949 como resultado de los procesos electorales que eligen gobiernos y diputados. Así funciona nuestra sociedad, nuestro sistema democrático y electoral. Lo ideal es que participen más y voten más.
Los que del todo no asisten a votar son los llamados abstencionistas. En los 19 procesos electorales habidos desde 1953, contando las elecciones de Alcaldes de 2002, 2006 y 2010 y el del Referéndum en 2007, ha habido una parte de la población electoral que no se presenta a las urnas. Los abstencionistas en el referéndum han sido la cifra más alta, 40,8% y la más baja, la elección de 1970 de Figueres, 16,7%. Procesos electorales superiores al 30% y menores al 35% de abstencionistas, los de 1953, 1958, 1998, 2002, 2006 y 2010.
Entre 1953 y 1994 el promedio de abstencionismo fue de 21,7% y entre 1953 y el 2010, contando los 19 procesos electorales, fue de 24,38%.
En las Provincias el promedio de todos estos procesos electorales es: en San José 23,81%, Alajuela 21,43%, Cartago 21,25%, Heredia 20,63%, Guanacaste 23,82%, Puntarenas 32,88% y Limón 33,57%.
Los diputados electos tampoco se deslegitiman con estos porcentuales de abstencionismo. En las provincias, igualmente, los que no votan aceptan el resultado de los que escogen diputados.
El nivel más alto de abstencionismo se da en las elecciones de alcaldes, y tampoco se deslegitiman ellos ni su trabajo municipal por ese resultado.
El TSE no valida a los que asisten a emitir su voto y lo hacen devolviendo la papeleta en blanco o anulando su voto, y a todos los efectos no los toma en cuenta, como si tampoco hubieran asistido a las urnas.
Esto es un error, porque sí son válidos esos votos emitidos de esa forma.
Para que se les reconozca su derecho de voto debe incluirse una casilla en blanco donde de esa manera puedan expresar su voluntad. Aún hay tiempo.

Vladimir de la Cruz