¡Abstencionismo de 40% latente!
Los candidatos no deberían confiarse del abstencionismo
Los candidatos no deberían confiarse del abstencionismo
Con vista a las Elecciones 2014 las encuestas en Costa Rica son coincidentes en que de los aproximadamente 3.050.000 de costarricenses con derecho a voto una tercera parte —un millón— ya tomó la decisión de no votar (33%). De los restantes, un millón ya tienen candidato (33%) y un millón no han decidido aún por quién votar (33%).
Ahora bien, no sería sorpresa que de este último millón —los indecisos— una buena cantidad tome la decisión de no votar y sumarse a los que desde ya decidieron abstenerse de hacerlo. Por primera vez en la historia —está es mi lectura— estaremos cercanos al 40% de abstencionismo electoral. ¡Dios quiera que me equivoque!
No encuentro razones para que en 2014 acudan a las urnas más costarricenses que los que asistieron en los últimos cuatro procesos electorales en que se superó el 30% de abstencionismo. Los candidatos actuales tienen pocas habilidades para enamorar, incentivar y poner a soñar al votante.
El costarricense perdió aprecio por el sistema democrático. De ser la tercera nación de la región con 74% de ciudadanos que lo apreciaban (Latinobarómetro, 2009), se pasó a un décimo lugar con solo un 56% (LAPOP, 2012); esto incentiva un mayor abstencionismo.
Encuentro razones de este decaimiento en el aumento en la percepción de corrupción por parte del ciudadano y en la dificultad de identificar que el gobierno mejora sus vidas. De 1958 a 1994 el abstencionismo en Costa Rica siempre estuvo entre 18% y 20%. A partir de 1998 aumentó a más de 30%, el tope fueron las elecciones 2006 con un 36%.
Las personas tienen diversas razones para abstenerse de votar. Existe el Abstencionismo Técnico, que se puede evitar con buena tecnología y buenos medios de transporte. Son quienes por enfermedad, distancia, por estar fuera del país, por razón de trabajo, etc., no puede acudir a las urnas.
Otro, el Abstencionismo Político, es el más racional, son las personas que no creen en el sistema. Puede que aumente por lo que indique en relación con la pérdida del aprecio por el sistema, inclusive estas son personas que promueven la idea de no votar. Otro —el más nutrido y peligroso— es el Abstencionismo Apático, conformado por los ciudadanos con poco interés de votar, ya sea porque ningún candidato les llena o porque están seguros de que, sea quien sea el elegido, nada va a cambiar. Son quienes consideran que el esfuerzo de ir a votar no vale la pena. Su mayor aversión son los pseudopolíticos.
Pero también existe un Abstencionismo Cívico, son quienes van con tristeza a votar en blanco. Con su acto indican que ningún candidato les gusta, pero creen en el sistema. Con su voto dicen sí a la democracia, pero no a los candidatos. De poco sirve, pues el voto en blanco es como no haber ido a votar, no tiene una interpretación práctica en nuestras elecciones. Ni siquiera son contemplados como parte de los votos emitidos para calcular el 40% exigido al triunfador. Al voto en blanco el tribunal lo hace a un lado. Para mi gusto, ese es un error del sistema que en su momento obvió la posibilidad de este disgusto responsable, pacífico y silencioso del ciudadano.
Empero, los candidatos no deberían confiarse del abstencionismo, pues bien lo advirtió alguna vez David Lloyd George (1863-1945), ex Primer Ministro británico, al decir: “Las elecciones, a veces, son la venganza del ciudadano. La papeleta es un puñal de papel”, y agregaría, pudiera ser que de repente el costarricense decida clavar esa daga con determinación.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo