¿Tercera ronda electoral?
Un Presidente con tal popularidad está en su máximo rango, prácticamente insuperable; la única forma de mantenerla e...
Un Presidente con tal popularidad está en su máximo rango, prácticamente insuperable; la única forma de mantenerla es con decisiones oportunas y resultados
Toda recomendación trae una crítica implícita, a veces leve y en ocasiones fuerte. Gusto de decir y escribir lo que pienso, no necesariamente lo que otros quieren oír. Si de paso concuerdan conmigo en buena hora, de lo contrario todo mi respeto para los que piensan diferente. La política es de todos los días y eso obliga a analizarla todos los días. Justificado procedo a mi análisis.
Llegada la segunda ronda electoral —6 de abril— los costarricenses estábamos bastante hastiados de la campaña, de debates, de spots y de candidatos poco serios que renunciaban y volvían. Tan solo deseábamos votar, pasar la hoja, cambiar al Gobierno Chinchilla e ilusionarnos con que las cosas se pueden hacer diferentes, con el cambio.
Hoy, con cuatro semanas de gestión del presidente Solís Rivera, muchos nos sentimos o percibimos una tercera ronda electoral, igual que la segunda, con solo un candidato. El resultado electoral de la segunda ronda hizo a Solís arrancar su gestión con un aprecio ciudadano de 80%, un respaldo más que significativo que de estrategia futura tan solo requería trabajo, trabajo y trabajo.
Un Presidente con tal popularidad está en su máximo rango, es prácticamente imposible superar esa cifra; la única forma de mantenerla es con decisiones oportunas y resultados. Quien le diga que ha de seguir repartiendo besos, abrazos y buscando posturas para la foto, le está llevando al abismo político con “cáscaras de banano”.
El equipo del mandatario ha de ser de asesores y hacedores políticos, no mercadólogos. Quien fue su jefe de campaña debe comprender y asumir que ahora es Ministro de la Presidencia y jefe de gabinete. El señor Presidente —no “el presi”— debe desconectarse de su papel de candidato porque una “tercera ronda” es muy peligrosa, le hace perder tiempo y adeptos en una etapa cargada de sinergias.
Que aún es pronto, ¡Por dicha! Muchas son las voces sobre el lento acomodo de los jerarcas, de giras como la realizada a la Trocha en la cual el Presidente se exhibió ante muchos periodistas con un periplo mal organizado, sin equipo, sin planificación y sin estrategia; esta vez los periodistas lo perdonaron, pero, ¿hasta cuándo lo harán?
El cambio por el cambio, sin hoja de ruta, sin claridad intelectual —algo reconocido al Presidente Solís— no tiene asidero ni sentido, se reduciría a un eslogan. El Presidente debe gobernar y exigir responsabilidades, no puede gobernar con “ministros ad hoc” como en el caso de los personeros del Lanamme-UCR. El Presidente siempre debe estar dirigiendo el Consejo de Gobierno, dando directrices y reclamando resultados.
Como analista y costarricense responsable no puedo esperar 100 días ni seis meses para apercibir al Gobierno, más cuando estos primero 28 días me tienen inquieto. Soy el primer interesado de que mi país tenga muchos buenos gobiernos, sin importarme la bandera con que lleguen al Poder Ejecutivo.
Cierro con un consejo más, en gobierno no hay que desesperarse por la popularidad, llega con los resultados; el novelista Erskine Caldewell con fisga decía que “un buen gobierno es como una buena digestión; mientras funciona, casi no la percibimos”.
Claudio Alpízar Otoya