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Lunes 22 Abril, 2013

Costa Rica tiene enormes posibilidades, pero sigue siendo solo una promesa por culpa de muchos políticos y votantes, pobres y ricos, que a cambio de un plato de lentejas o de un buen negocio todo lo toleran


Responsables de la gobernabilidad

(Parte 2)

Continúo hoy con el tema que inicié en la publicación del viernes anterior, en donde me referí a lo que considero debería ser la actitud que asuman los empresarios y los empleados públicos.
Tercero, beneficiarios del clientelismo: acepten que las ayudas sociales deben ir a los que necesitan, no a los que trabajan en una campaña o a los que son amigos de un diputado.


No validen la corrupción de los políticos que ofrecen bonos de vivienda, puestos, becas, lotes de tierra a cambio de votos y de trabajo político.
Esa deshonesta relación, en la que políticamente se compran cuerpos y almas, se llama prostitución. Socava la autoridad moral: para gobernar, al que paga por el voto y para reclamar, al que vota por la paga. Por lo demás, esas prácticas impiden que alcancen los recursos destinados a combatir la pobreza.
Cuarto, clase política: comience por olvidarse del botín. Trabajen en política con mística, motivados por el bien patrio. No se meta a la vida pública si su objetivo es hacerse rico; para eso está la actividad privada.
Acepten que en los puestos deben nombrarse personas de acuerdo a sus conocimientos técnicos sobre la materia correspondiente y de acuerdo a su capacidad gerencial.
No debe tomarse en cuenta la contribución financiera, el trabajo político, la amistad y menos el parentesco.
Solo por casualidad las personas eficientes para trabajar en política y ganar elecciones o los amigos y parientes de las cúpulas partidarias, son también buenas para asumir las riendas de un ministerio o de una institución autónoma.
Finalmente, precandidatos y precandidatas: adopten como palabras clave de la ideología administrativa del próximo gobierno: eficiencia, eficacia, austeridad, tecnocracia, gerencialidad y ética, todo en el marco del ordenamiento claramente establecido desde hace años en las leyes de Administración Publica y de Planificación (presten atención al Dr. Johnny Meoño si no conocen esas leyes).
Si quieren tener legitimidad y ostentar autoridad moral para hacer cambios sustantivos, renuncien a beneficiarse del poder y a beneficiar a amigos, partidarios y parientes con licitaciones, consultorías, decretos de conveniencia nacional, nombramientos e impunidad.
Por otra parte, basen sus propuestas en el estudio riguroso de la realidad nacional y no aspiren al título de estadistas si solo son ejecutores de estrategias económicas redactadas y solicitadas por poderes extranjeros.
Construyan gobernabilidad hablando con transparencia en la campaña. Sean conscientes de que si queremos aspirar al desarrollo integral en el mediano plazo, todo sector perderá algo y deberá cambiar de actitud en el corto plazo.
Digan esto, claramente, en campaña. Hagan sus propuestas; pero busquen la victoria comenzando por derrotar la demagogia.
Costa Rica tiene enormes posibilidades, pero sigue siendo solo una promesa por culpa de muchos políticos y de muchos votantes, pobres y ricos, que a cambio de un plato de lentejas o de un buen negocio todo lo toleran. En parte por ello el tiempo nos dejó rezagados, pero ustedes, precandidatos y precandidatas, pueden alcanzarlo.

Ottón Solís