¡Queríamos “matria” y nos dio más patria!
La gestión de la Presidente Chinchilla no ha tenido ninguna diferencia sustancial con el estilo de gobernar de los hombres. Estoy convenc...
La gestión de la Presidente Chinchilla no ha tenido ninguna diferencia sustancial con el estilo de gobernar de los hombres. Estoy convencido que esa es su mayor falencia
Sin tregua
Es posible que lo que escribo esté muy sesgado por esa influencia y admiración que he tenido por las mujeres. No podría ser diferente para alguien que creció desde niño entre cuatro de ellas, que luego se casó como la “antigua” costumbre con una mujer y que Dios le premio con dos hijas. Así las cosas, recuerdo que por allá de marzo de 2009, en plena campaña electoral, se promulgaba con fuerza la candidatura de la actual Presidente Laura Chinchilla y el suscrito con insistencia hablaba de la necesidad de tiempos de “matria” y del cambio que representaría en una gestión presidencial.
El término patria surge del latín pater, significa padre y se relaciona con patrono o protector. Concepto que dio origen al también latín: puter, que significa patria y que define a los encargados de proteger y defender a sus ciudadanos. La patria viene a ser un adjetivo de pertenencia que significa “de los padres”, eran ellos los que en tiempos antiguos conquistaban y heredaban a sus hijos. ¿Y ellas? Injustamente relegadas.
Las mujeres comprenden y quieren incondicionalmente a sus hijos porque tienen muy claro el dolor con que los trajeron al mundo, eso parecía generar una ilusión diferente con la esperanza de una mujer gobernante. Bien dijo el escritor y filósofo francés Michel de Montaigne (1533-1592): “Gobernar una familia es casi tan difícil como gobernar todo un reino”, agregaría, y ellas lo hacen.
La gestión de la Presidente Chinchilla no ha tenido ninguna diferencia sustancial con el estilo de gobernar de los hombres. Estoy convencido que esa es la mayor falencia del liderazgo de la Presidente durante los casi 40 meses de su gestión, junto con el poco arte político de ella y su gabinete. La Presidente llegó a gobernar en un “mundo” que había sido exclusivo de los hombres, pero cuando lo hizo, actuó con las mismas actitudes y poses de los hombres. Cuando muchos esperábamos un gobierno diferente, con más corazón, con más “abrigos” en las manos.
Ellas pueden estar en varias cosas a la vez, huelen a la distancia el dolor y la pesadumbre de sus hijos. Si la Presidente hubiese implementado las dotes naturales de las mujeres en su forma de gobernar, que como madres difícilmente abandonan a sus hijos, por tener una sensibilidad mayor sobre el dolor, el reconocimiento a su gestión estaría en positivo.
Las mujeres tienen un mejor equilibrio entre la razón y el corazón, ahí está su manantial de sabiduría. Utilizan con mayor frecuencia el lado derecho de su cerebro, el de la sensibilidad y las emociones, el lado creativo. Estos dones le habrían permitido a la Presidente Chinchilla navegar por aguas menos turbulentas, al sentir el ciudadano brazos solidarios con los problemas más ordinarios, enmarcados en cosas muy puntuales, más comunes, pero que les afectan de manera directa en sus vidas y que para ellos son las más importantes.
Pensábamos muchos que el gobierno de una mujer podría ser diferente en cuanto a sensibilidad y solidaridad para los más necesitados, que podría encarrilarnos de nuevo hacia un país más equitativo, pues una madre difícilmente marca diferencia entre un hijo y otro, empero, no fue así.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo