Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 3 Julio, 2013

Hasta el momento el costarricense aguanta. Si hay corrupción emite suspiros, pero no actúa. ¿Hasta cuándo?


Protestas costarricenses, ¿similares a brasileñas?

Las protestas recientes, organizadas en Costa Rica fundamentalmente por grupos sindicales del sector público, tienen pocas similitudes con el Movimiento V de Vinagre aparecido este año en Brasil. Lo que ocurre en el país sudamericano es una protesta masiva y genuina de proporciones importantes de la población contra el mal servicio del muy costoso y corrupto sector público, mientras que a fondo los que participan en los bloqueos costarricenses son empleados del estado, buscando más privilegios.
Comenzaron las protestas brasileñas cuando el gobierno decide aumentar los precios del transporte público, servicio deficiente en manos del estado. En Costa Rica el transporte público está concesionado a empresas privadas que también dan servicio malo; existe un ente regulador que aumenta los precios sin que se levante una sola voz en protesta.
En promedio el brasileño paga un 40% de sus ingresos en impuestos diversos y consideran los protestadores que no están recibiendo los servicios que merecen, tomando en cuenta lo que están aportando. Perciben también los sudamericanos que los costos de los grandes eventos deportivos que se realizarán en su país (COPA Rio 2014 y Olimpiadas 2016) son muy elevados, y que hay mucha corrupción en todo el proceso de construcción de estadios y otra infraestructura.
En Costa Rica en promedio se paga un 25% de los ingresos en impuestos y también hay corrupción en las poquitas obras que se realizan (pensar Trocha); los que participan en las protestas citan la malversación como parte de su motivación. Pero el problema no provoca a la población en general a salir a las calles.
Quizás donde más se nota la diferencia entre el Movimiento V (nombrado así por el vinagre que portan los que protestan para contrarrestar el efecto de los gases lacrimógenos) y las protestas ticas es que el primero incorpora millones de personas de todos los sectores en varias ciudades, mientras que los participantes nacionales son pocos y sobre todo del estado; por ende se abocan a bloquear puntos estratégicos de carreteras, incomodando a los demás para hacerse escuchar.
Nunca se supo la causa de los que protestaron la semana pasada, pero pareciera que más que todo había dos motivos: Primero, quieren que sean legales las huelgas en los sectores de salud y de seguridad. No quieren comprender que sería una violación de los derechos humanos de la población como un todo si la policía y los médicos se fueran de huelga. Segundo, un líder sindical necesita “justificar su existencia”. Si no hay conflicto, emoción, demandas y contrademandas, quizás uno u otro herido, después negociaciones maratónicas que duran hasta el amanecer, los miembros de la agrupación pudieran sentir que no son efectivos sus líderes.
Hasta el momento el costarricense aguanta. Si la Caja da mal servicio de salud, acude a centros privados; si el transporte público es pésimo, usa carro o bicicleta; si la educación pública es mediocre, manda a sus hijos a centros privados; si hay corrupción, emite suspiros, pero no actúa. ¿Hasta cuándo?


Carlos Denton

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