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Sábado 21 Septiembre, 2013

Ojo… ¡cuidemos el aire!

Los costarricenses hemos demostrado tener la habilidad de dejar para más tarde, los asuntos más urgentes.
En materia de infraestructura, por ejemplo, una actitud despreciativa hacia lo que debía haber sido el desarrollo y mantenimiento apropiados, ha derivado en un rezago competitivo notorio, adornado por un enjambre de maltrechas avenidas y peores calles, para cuya calificación no alcanzan las palabras.

Los quehaceres y decisiones que debieran garantizar hoy y por siempre, un nivel de salud pública de primer mundo, nos tiene ranqueados en los primeros puestos de la tabla de países presa del dengue y quien sabe qué otras enfermedades.

Tomar decisiones oportunas, que agilicen el funcionamiento del Estado y nos permitan salir de la entropía administrativa, han sido consumidas por la indiferencia propia del egoísmo y la avaricia que en definitiva no nos va a mejorar como pueblo.

Pero si ante los atrasos en las áreas supracitadas, los encargados se han convertido en expertos de las excusas y las justificaciones irracionales, y nosotros en feligreses prontos a “comulgar con ruedas de carreta”, hay una materia en la que esta irreflexión e inobservancia pueden costarnos la vida: la Calidad del Aire.

No en pocas oportunidades han sido publicadas cifras que nos hacen creer que el aire que respiramos es de una calidad aceptable y segura.
Cada vez que se aborda el tema de Calidad de Vida, a los tratantes se les olvida relacionarla con lo que aspiramos en el simple proceso que nos garantiza la subsistencia.
Craso error.
Decir que la calidad de ese insumo indispensable es buena, sería ignorar una serie de faltantes que vienen acumulándose por años.

El aumento de la cantidad y la debacle de la calidad de los automóviles usados, la ausencia de mediciones concienzudas y con una periodicidad mayor de los contaminantes del aire y el aumento en la permisividad de las autoridades de Gobierno, en materia de control de emisiones al ambiente, son apenas tres de los yerros con que se verifica que el aire que respiramos hoy, no es igual que el de hace apenas unos años.
El aumento en los casos de enfermedades respiratorias, de la piel, de la vista y de la zona nasofaríngea, durante los últimos diez años, especialmente en las zonas de mayor influencia de la flota vehicular, dejan en evidencia que se dejaron sin hacer tareas impostergables.
Frente a una cada vez más grande flota de vehículos, y cuyos integrantes son además cada vez más viejos (entre 15 y 20 años, casi el 65%), los esfuerzos que hacen entidades como el Laboratorio de Análisis Ambiental de la Universidad Nacional, para medir una parte de la contaminación del aire, se hacen poco.
La tendencia a nivel de países que realmente están preocupados por el impacto de su producción y desarrollo, en el Ambiente, es la de generar menos contaminación, para no tener que correr luego a buscar acciones que compensen ese abuso.
Facilitar el acceso de los Ticos a las tecnologías limpias, es una de las tareas pendientes. Imaginar celdas solares en cada techo y vehículos que no contaminen en los garajes, es fácil; pero imposible en la realidad, si no se abren los espacios necesarios a nivel de aduanas y hacienda.
Ya es hora de que en el país “más feliz del mundo”, sus habitantes tengamos la certeza de que ciertamente podemos sonreír al hablar del aire que respiramos.
No vaya a ser que un día de estos, hagamos el ridículo frente al mundo cuando se den a conocer las cifras que verdaderamente dibujan la calidad de nuestro aire.

Ernesto Villalobos T.