Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

Enviar
Lunes 19 Enero, 2015

Más y mejor educación secundaria para los jóvenes de familias pobres, y más y mejor capacitación para los trabajadores no calificados


Disyuntivas

Mayor riqueza e igualdad

Con justa razón nos preocupamos por el incremento de la desigualdad y el estancamiento de la pobreza en Costa Rica, que se dan cuando en América Latina disminuyen. Pero el desarrollo alcanzado con la apertura, una economía basada en mayor conocimiento y la exportación de bienes y servicios más sofisticados nos abre una oportunidad para superar esas dificultades.
La afirmación anterior puede parecer contradictoria e incluso ilusa. Pero tiene buen fundamento.
En Suramérica disminuyeron la desigualdad y la pobreza y creció la clase media en este siglo, en buena medida gracias al incremento en los precios de las materias primas, empujados por el extraordinario crecimiento de China e India principalmente.
Claro que contribuyeron significativamente medidas internas como la mayor responsabilidad fiscal, la apertura económica y mercados menos intervenidos, la extensión de la educación, sistemas cambiarios más flexibles y programas sociales exitosos como las transferencias condicionadas a la educación de los hijos.
En esa condición, algunos estudios señalan, se disminuyó el premio por una mayor educación (la diferencia de ingresos entre quienes no concluyeron secundaria, los que la concluyeron y los que tienen estudios superiores) y además se generó una mayor demanda por mano de obra no calificada. Eso disminuyó la desigualdad y con toda razón nos alegramos de que 80 millones de personas hayan salido de la pobreza.
Mientras tanto, en la mayor parte de los países desarrollados la desigualdad aumentó. En mucho, por las nuevas tecnologías de la información y la computación, que provocan una mayor demanda de trabajo calificado, y acrecentaron la brecha salarial entre ocupaciones que requieren mayor nivel de conocimientos.
El incremento en la desigualdad entre nosotros también está en parte relacionado con ese cambio tecnológico.
Inicialmente la apertura de la economía en los ochenta orientó nuestras exportaciones a productos agrícolas no tradicionales como flores, follajes y fresas y a la maquila textil. Pero conforme fue recuperándose la situación económica, los salarios crecientes y las condiciones de educación de nuestra población nos permitieron incursionar en bienes y servicios más sofisticados como el turismo, los implementos médicos, los microchips, los “call centers” y los servicios administrativos a las empresas.
Esto provocó un incremento del premio por educación, que se vio reforzado por una presión en contra de los salarios para trabajadores no calificados surgida del aumento de su oferta. Ese incremento de la oferta se dio por la caída en la matrícula de secundaria en los ochenta y hasta fines de los noventa, y por la inmigración de trabajadores con poca formación.
Para disminuir la pobreza y la desigualdad debemos favorecer el paso de personas pobres o en situación de vulnerabilidad a formar parte de los trabajadores con mayor educación, para los cuales ya se dan condiciones de alta demanda. Más y mejor educación secundaria para los jóvenes de familias pobres, y más y mejor capacitación para los trabajadores no calificados es la ruta que nos conducirá al éxito económico y social.

Miguel Ángel Rodríguez