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Viernes 30 Enero, 2015

Los que queremos un cambio real para Costa Rica, en favor de las mayorías, debemos contribuir con discusión, participación e ilustración política


¿Liberalismo o izquierda populista?


Si bien es cierto vivimos formalmente en un sistema político de corte liberal, en un Estado de Derecho con división de poderes, régimen jurídico independiente y mecanismos electorales de renovación periódica de representantes, aún es mucho lo que quedamos debiendo por el lado del liberalismo económico.
Pocos son los que denuestan las instituciones del liberalismo político, pero legión los que rechazan y satanizan al liberalismo económico, creyéndolos ingenuamente separables, cuando la realidad es que ninguno goza de buena salud sin el concurso del otro.
Esto resulta particularmente grave en América Latina, cuyas instituciones políticas se han quedado a medio camino entre una institucionalidad altamente burocratizada e ineficiente —cuando no criminal— y un nepotismo económico mercantilista.
Costa Rica no es la excepción a la regla, y en este sentido vivimos un momento histórico clave que clama con urgencia por un cambio de perspectiva. La izquierda populista, representada por el Frente Amplio, resulta la más empeñada en desprestigiar los mecanismos económicos de libre competencia, con la falsa acusación de que son ellos la causa de la pobreza y la exclusión, cuando en realidad lo es, entre otros factores, ese corporativismo sindical que defienden a capa y espada.
Hoy la mayoría de los costarricenses los reconoce, con razón, como los principales promotores de la irresponsabilidad fiscal, las corruptelas y alcahueterías del sector público y el atraso económico.
A su admiración desembozada por los más espernibles gobiernos de la región —Cuba, Venezuela o Nicaragua— aúnan una pobreza ideológica sin parangón; ayunos de conceptos, se valen de un repertorio de frases hechas que chorrean en cascada, apelando a emociones y resentimientos, más que a realidades tangibles. Justamente su excandidato presidencial destacó en campaña por su cansina y aventurera demagogia.
El futuro del país depende de una opción política liberal que favorezca una economía robusta, expedita e inclusiva.
Ya sabemos que de este gobierno es poco o nada lo que podemos esperar, por lo que la lucha hay que darla en el foro y en la plaza pública, con debates, argumentos, ideas, estadísticas y números.
Dicho de otra forma, los que queremos un cambio real para Costa Rica, en favor precisamente de las grandes mayorías, debemos contribuir a través de la discusión, la participación y la ilustración políticas.
Esa labor nos debe distinguir, precisamente, de los que, con su repertorio maniqueo de consignas hueras, solo saben hacer llamados a bloquear calles.
Sin liberalismo económico no hay liberalismo político ni democracia que funcionen. En su ausencia, lo que tenemos son gobiernos corruptos y mercantilistas, asaltados por grupos de presión que se sirven del Estado y de las leyes para beneficiarse, sin ningún reparo frente al empobrecimiento colectivo al que arrastran a la sociedad, así como a las generaciones futuras. La gente lo sabe, pero ese legítimo malestar es a veces aprovechado por una izquierda populista que no solo representa más de lo mismo, sino que es su rostro más nefasto.

Iván Villalobos Alpízar

Profesor UCR
[email protected]