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Incapacidad, falta de transparencia, acusaciones por supuesta defraudación a la hacienda pública, entre otras fallas han detenido el progreso del país en infraestructura aun teniendo el dinero para realizarla


Hacer obra pública… ¡sí se puede!

Para hacer obra pública lo más importante no es cuál de las cuatro o cinco formas de realizarla se elija —según la circunstancia una u otra pueden ser buenas—, sino que el gobierno sea capaz y honesto a la hora de actuar.
Lo que verdaderamente marca la diferencia entre hacer o no hacer, entre aprovechar al máximo, desperdiciar o mal usar dinero público, es la capacidad de ejecución y la transparencia.
Firmar adecuados contratos y estar en condiciones y con voluntad para dar seguimiento a las obras de modo que todo se cumpla como se había estipulado es lo que garantiza el éxito. Los gobiernos están para eso.
Sin embargo, en Costa Rica tenemos muchos años de retraso en obra pública.
Incapacidad, falta de transparencia, acusaciones por supuesta defraudación a la hacienda pública, entre otras fallas han detenido el progreso del país en infraestructura aun teniendo el dinero para realizarla.
Préstamos de organismos internacionales no se han utilizado a tiempo por razones a veces de clara inoperancia y en otros casos las causas permanecen en una especie de oscuro limbo del que nadie rindió cuentas.
Los gobiernos pueden, quizás, haber pensado que la población costarricense no era muy consciente de esas circunstancias, pero es evidente que eso fue otro error.
Los medios de comunicación hoy están al servicio, entre otras obligaciones, de investigar y mantener informada de lo que sucede a la población, si es que un gobierno no lo hace con la debida oportunidad y transparencia.
El análisis permanente del acontecer permite valorar cuando algo no está funcionando bien, y también apoyar las buenas acciones que beneficiarán a todos.
Las instituciones del gobierno y del Estado, así como las empresas, no son entes abstractos, sino que, por el contrario, su accionar responde al grado de capacidad y honestidad de quienes las dirigen.
Es ahí precisamente donde hemos tenido problemas. Pero otro grave error sería generalizar, ya que hay en dichas entidades gente muy capaz y con la mejor actitud para cumplir con su trabajo.
Se trata de que estén bien dirigidas por quienes asumen la responsabilidad al aceptar los altos cargos públicos. En cada institución, por su parte, cada jefatura es responsable de enderezar todo aquello que esté torcido y de ello debe rendir cuentas.
Tenemos ahora una nueva oportunidad de que en el país se desarrolle la infraestructura que necesitamos. El presidente Luis Guillermo Solís ha prometido transparencia. Esto incluso generará empleo. Es cuestión de querer hacerlo pero, principalmente, de hacerlo bien.

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