El umbral del desarrollo… marca país
Los costarricenses nos transformamos en egoístas, cuando no lo éramos
Los costarricenses nos transformamos en egoístas, cuando no lo éramos
En estos días en que ha estado de moda hablar de “marca país” para Costa Rica, se vienen a la mente los temas vendidos al mundo como los esenciales de nuestro país: paz, naturaleza, equidad, salud y educación.
Estos han sido los bastiones de nuestro reconocimiento, conceptos que han entrado en una crisis existencial en la estrategia correcta para seguir fortaleciéndolos como los cimientos claves.
La paz tuvo tres sustentos: 1- no tener ejército y apostarle a una sociedad civilizada; 2- el carácter pacífico del costarricense, que por momentos nos han hecho dóciles e indiferentes con las injusticias; 3- la mano de Dios, a la que por mucho tiempo le dejamos el cuido de los mares y fronteras, que hoy —en un mundo diferente— son porosas para la corrupción, el contrabando y el narcotráfico.
La naturaleza, aún no establecidas las normas internacionales para su cuido cuando nuestro país ya las tenía. Ese amor por lo verde es parte de nuestro ADN. Empero, terminó convirtiéndose en una “daga” ideológica, en ocasiones usada por los amantes del libre mercado que no discriminan en su ambición; en otras son los radicales de izquierda que la toman para oponerse a todo, inclusive al desarrollo sostenible.
Equidad, los índices marcan que cada vez somos más desiguales y más parecidos al resto de América Latina en esa triste característica. Algunos comprenden la equidad como igualdad absoluta y no como el marco que nuestros antepasados habían desarrollado para que todos tuviésemos acceso a trabajo justo, salud y educación; que las diferencias de unos y otros se dieran por el esfuerzo, la dedicación y la sana ambición que cada individuo ha de poner en su proyecto de vida. La igualdad mal interpretada pudiera estar mermando en algunos su obligación de responsabilizarse por su vida y sus decisiones.
Salud, nuestros gobernantes descuidaron a la institución insigne del país, la Caja Costarricense de Seguro Social, tanto en los servicios como en el uso de sus recursos. Algunos médicos y funcionarios de la institución perdieron su vocación de servicio y quienes gobiernan terminaron creyendo que salud es solo enfermedad y no la prevención de esta y el mejoramiento biopsiquico-social de los ciudadanos, el estar bien.
Educación, nos quedamos con la idea de que leer y escribir es suficiente para elevar los índices de educación de la población. La investigación y la tecnología han sido solo referentes y no proyecto. Los docentes transformaron su labor en un trabajo de rutina y pago, haciendo a un lado la vocación y la formación obligada de ciudadanos.
Hemos terminado dejando toda la responsabilidad al destino, los costarricenses nos transformamos en egoístas, cuando no lo éramos. Olvidamos que la actitud particular y comprometida de cada uno obliga a actuar como sociedad. Decía el famoso escritor londinense Gilbert K. Chesterton que “el optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo”. Hoy los costarricenses somos pesimistas, puesto que el egoísmo nos secuestró, pensamos que cada uno solo puede salir adelante y por ello llevamos décadas estancados en el umbral del desarrollo, que es una tarea de todos, de querer juntos.
Claudio Alpízar Otoya
Politólogo