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Jueves 19 Febrero, 2015

Como el tiempo es de la esencia, ni al dueño ni al contratista le conviene que se suspendan los trabajos en caso de disputas


El manejo de disputas en los grandes proyectos de infraestructura

En los grandes proyectos de construcción de obra civil, como carreteras, aeropuertos y plantas de generación eléctrica, es común que participen muchos actores, por ejemplo, la entidad del Estado dueña de la obra, el contratista, los subcontratistas, las entidades financieras y los gobiernos locales.
La sincronización y la coordinación de los suministros, la obtención de permisos, el diseño, la construcción, las pruebas antes de entrega, entre otros, son clave, puesto que el tiempo es realmente dinero en estas megaobras.
En los contratos llave en mano, cada vez más utilizados, el contratista suele correr con la mayoría de los riesgos y, salvo contadas excepciones —como fuerza mayor u obras adicionales solicitadas por el dueño—, cualquier retraso suele traducirse en multas.
Los financistas, por su lado, también presionan para que la obra termine a tiempo y comience a generar flujo. Esta presión por el tiempo es traspasada a los subcontratistas, por lo que la tensión que puede causar cualquier elemento que afecte la ruta crítica es altísima.
Como el tiempo es de la esencia, ni al dueño ni al contratista le conviene que se suspendan los trabajos en caso de disputas. Si surge una disputa, ya sea por el diseño, el tipo de material, algún derrumbe, u otra situación, idealmente se soluciona de manera provisional durante el desarrollo de la obra y la determinación final acerca de la responsabilidad de sus efectos se reserva para un posterior litigio o proceso arbitral.
El arbitraje es cada vez más utilizado en los proyectos de construcción, porque permite que se nombren árbitros que conocen la naturaleza de las disputas en materia de construcción, da cierta flexibilidad en el procedimiento y termina en una resolución final que no se puede apelar.
En el caso de proyectos internacionales, el arbitraje es la regla y no la excepción. Cuando las disputas llegan a la etapa de arbitraje, las partes en el litigio deben presentar a los árbitros argumentos sobre asuntos sumamente técnicos y situaciones fácticas muy específicas.
Debido a lo altamente costoso de estos procesos, que involucran miles de documentos, pruebas y peritos, es cada vez más común utilizar la figura del “Dispute Board”, un comité de tres personas que se forma desde el inicio de la obra y que le da seguimiento en todas las etapas.
Este comité está normalmente conformado por un abogado/a y dos ingeniero/as y se reúne periódicamente en el lugar del proyecto. Sus decisiones pueden ser vinculantes o no, y contribuyen a evitar la acumulación de temas que después se llevan al arbitraje, con la consecuente economía de recursos.
A veces las empresas evitan ofrecer la conformación de los “Dispute Boards” en sus proyectos porque significan un costo adicional, lo cual podría afectar la licitación. Sin embargo, algunas entidades financieras, por ejemplo el IFC del Banco Mundial, los requieren para proyectos de cierta cuantía.
Ojalá podamos ver el surgimiento de esta figura en los grandes contratos en nuestro país, para así contribuir a la solución eficiente y equilibrada de tantos conflictos que se dan en esta materia.

Dyalá Jiménez Figueres
DJ Arbitraje