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Lunes 5 Agosto, 2013

Las cifras del crédito anualizadas muestran un crecimiento del 8,7% y de solo el 1,2% con respecto a diciembre, lo cual demuestra que todavía existe un buen margen para el aumento en el crédito al sector privado


El Banco Central y la restricción del crédito

El 30 de enero pasado, el BCCR de Costa Rica acordó establecer un límite global del 9% al crecimiento acumulado entre el 1° de febrero y el 31 de octubre del 2013 para el saldo de la cartera de crédito de los intermediarios financieros, tasa que en términos anualizados corresponde a un 12,2%. A la vez se estableció un límite más fuerte para el crecimiento del crédito en moneda extranjera. A raíz de dicha medida algunos economistas, la Asociación Bancaria Costarricense, la Unión de Cámaras Empresariales y la Cámara de la Construcción, reaccionaron en su contra, aduciendo que dicha acción ha conllevado a una caída de la actividad económica y ha afectado el empleo del país. Dicha reacción es falaz y preocupante. Es falaz porque revisando las cifras de IMAE se puede notar que la desaceleración de la actividad económica se viene presentando desde la mitad del año pasado, cuando el BCCR no había adoptado la restricción crediticia. Por otro lado, las cifras del crédito anualizadas muestran un crecimiento del 8,7% y de solo el 1,2% con respecto a diciembre, lo cual demuestra que todavía existe un buen margen para el aumento en el crédito al sector privado. Además el crédito en moneda nacional muestra una tasa de crecimiento interanual de apenas un 5,5% lo cual significa que también existe alta disponibilidad para endeudarse en esa moneda. Y si analizamos las cifras del crédito por actividad, se nota que el otorgado a la construcción crece en un 33% y el de consumo en un 30%. Por lo tanto, no se puede afirmar que la desaceleración económica del país se debe a una restricción crediticia porque está no se ha dado. Es más, como bien es sabido, la actividad económica del país está muy ligada al entorno internacional, especialmente de los Estados Unidos de América, la Unión Europea y los países centroamericanos, principales socios comerciales, cuyo crecimiento económico sigue siendo bajo y en algunos casos se está desacelerando. Ello tiene un importante impacto adverso sobre nuestras exportaciones de bienes y servicios, motor importante de la actividad económica del país.
Y es preocupante por dos razones: primero los detractores del BCCR han dejado de lado la verdadera intención de restringir el crédito en moneda extranjera, que es resguardar al sistema financiero de un endeudamiento externo que es muy volátil y ha crecido en forma importante en los últimos años, incrementando los riesgos sistémicos para la economía nacional pues se carece de un prestamista de última instancia en esa moneda. Y segundo, lo cual es más peligroso, es que estas agrupaciones socavan la independencia del Banco Central al acudir al Poder Ejecutivo para que esta obligue al ente emisor a eliminar la medida. Esta posición atenta contra la institucionalidad del país y máxime tratándose del BCCR, institución que debe poseer la autonomía necesaria para actuar en la forma técnica y profesional, teniendo como norte el bienestar económico del país y nunca responder a las presiones de grupos económicos que defienden sus intereses particulares. El Poder Ejecutivo debería tener como política rechazar de plano este tipo de solicitudes, como muestra inequívoca de respeto a la autonomía funcional del BCCR.

William Calvo V.

Economista