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La focalización del Ministerio de Educación debe estar ahora en los estudiantes que hoy no gozan de las mismas oportunidades que otros, incluso sin salir de las escuelas públicas


Educación Pública debe pasar del diagnóstico a las acciones

Si se quiere reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de la población, es necesario que las reformas a la educación pública se tomen en serio, más allá de las promesas hechas cada cuatro años.
El Ministerio de Educación Pública manejó un discurso el año anterior que debe ser superado en este 2015, si se pretende avanzar.
Los diagnósticos son importantes, pero las acciones son fundamentales. Los problemas que arrastra la educación pública no son nuevos para nadie.
En este análisis destaca que matemática tuvo el peor rendimiento en bachillerato y los estudiantes de colegios públicos se gradúan sin inglés. Estas son solo dos de las noticias repetitivas cada año.
La deserción en primero y penúltimo año de colegio, el factor económico como determinante del abandono escolar, y el buen desempeño de los colegios científicos, se suman a la lista.
También se sabe ya de las marcadas diferencias entre los estudiantes de zonas de menor y mayor desarrollo, así como de las enormes brechas entre la educación pública y privada.
El país ya no requiere más análisis ni más espera para empezar a ver los cambios. Al final de 2015, la noticia debería ser otra.
Si bien no se puede hacer todo en 12 meses, la educación pública sí necesita con urgencia dar los primeros pasos hacia una reforma integral.
No se demeritan las reformas en los programas de matemática, ni tampoco la inclusión de temas para la vida, como ética y sexualidad, pero no basta con eso.
Si se deja de lado el tema económico, hasta ahora no se ha visto una probable estrategia para los próximos años de la administración.
La realidad es que, actualmente, hay muchas intenciones y buenas voluntades, para que los niños y jóvenes reciban una educación pronta y de calidad, pero nada más.
El hecho de que el Ministerio de Educación señale en la esfera pública que no sabe por qué los estudiantes están retrocediendo en las pruebas de matemática y que espera un estudio de la Unesco para tener una respuesta, es un tema preocupante.
No es un organismo internacional el que debería saber las causas, sino las autoridades de educación de este país.
Por otra parte, la necesidad de capacitación de los docentes no es oculta y la urgencia en la revisión de los programas de formación en las universidades tampoco.
El diálogo con los gremios de educadores podría constituir uno de los primeros pasos hacia la creación de un plan nacional.
Resolver una huelga de tres semanas por problemas de pago ajenos a la presente administración no fue fácil, no obstante, ya es una etapa superada.
La focalización del Ministerio de Educación debe estar ahora en los estudiantes que hoy no gozan de las mismas oportunidades que otros, incluso sin salir de las escuelas públicas.
Informaciones sobre posibles cambios en los programas de inglés para asemejarlos a los institutos privados y usar los resultados de bachillerato por primera vez en 26 años, son buenas señales, pero se requiere más, para que al finalizar este año no escuchemos de nuevo que no se pudo.

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