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Miércoles 14 Mayo, 2014

Se requieren cambio de cultura de la sociedad y políticas focalizadas en el grupo más vulnerable: mujeres provenientes de las familias de ingresos más bajos


Desigualdad de género y exclusión escolar

La asistencia a la educación regular para los jóvenes que tienen entre 13 y 17 años de edad se ha incrementado desde un 74% en 2003 al 86% en 2013, y para el grupo de jóvenes de 18 a 24 años de edad, este dato ha pasado del 32% al 42% en el mismo periodo.
El incremento en la cobertura educativa y la disminución de la deserción son logros del MEP que no se pueden pasar por alto, y que responden a la implementación de reformas y programas que debieran ser mantenidos por la siguiente administración del Gobierno.
Sin embargo, la meta de tener una cobertura del 100% en educación secundaria se encuentra aún lejos. La Encuesta Nacional de Hogares de 2013 recopiló información valiosa que puede ayudar a comprender este problema.
Para 2013, del total de jóvenes que tenían entre 13 y 17 años de edad, el 14% no asistía a la educación regular. Los hombres en este grupo de edad afirman no asistir por no estar interesados en aprender (40%), no poder pagar los estudios (14%), porque les cuesta el estudio (12%), entre otras razones.
En el caso de las mujeres, las razones son no estar interesadas en el aprendizaje (36%), no poder pagar sus estudios (15%) y cuidar niños, ancianos y otras personas (8%).
Para el grupo etario de 18 a 24 años, un 36% no asiste a la educación regular y no ha terminado el colegio. De estos últimos, los hombres en su mayoría no terminaron el colegio por tener que trabajar (37%), prefieren trabajar (20%) y falta de interés (21%). En el caso de las mujeres, el principal motivo es por tener que cuidar niños, ancianos u otras personas (28%).
Si se agrupan las razones por las que no asisten los jóvenes de 13 a 24 años de edad a concluir la escuela o el colegio, salta a la vista una importante brecha de oportunidades debido al género: el 36% de las mujeres no asiste por tener que dedicarse al cuido de personas, ayudar en oficios domésticos, embarazo o matrimonio. En el caso de los hombres, solo el 1% no asiste por esas mismas razones.
Los datos expuestos muestran el costo que tiene la desigualdad de género en nuestra sociedad. La desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres no es un tema nuevo; sin embargo, su importancia queda relegada frecuentemente bajo la cotidianidad (machista) en la que nos desenvolvemos, olvidando el enorme costo que tiene la desigualdad de género.
Estos datos nos muestran la urgencia e importancia que debe tener el tema de género tanto dentro del seno familiar costarricense como en la política pública de nuestro país. La tarea no es sencilla, requiere cambio de cultura de la sociedad y la implementación de políticas focalizadas en el grupo más vulnerable: mujeres provenientes de las familias de ingresos más bajos.
Solo de esta manera podremos acabar con esta brecha que niega a muchas jóvenes costarricenses la oportunidad de la educación.


Andrés Fernández Arauz

Economista
[email protected]

Roberto del Valle Alvarado

Economista
[email protected]