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Debemos educar para la vida decente, para la honestidad, para la satisfacción y el orgullo de obtener logros mediante el esfuerzo y el trabajo, no por medio de la criminalidad


¿De la paz al ciberdelito?

“EE.UU. acusa a Liberty Reserve de lavado de dinero”. Así titula la agencia EFE una información realmente lamentable para Costa Rica, además de que afecta al mundo en general.
El dueño de esa compañía, con sede en nuestro país, Arthur Budovsky, se supone que haya lavado dinero por alrededor de $6 mil millones realizando cerca de 55 millones de transacciones ilegales para un millón de usuarios en todo el mundo.
Un rango “impactante” de actividad ilícita, como lo ha calificado la fiscalía de Manhattan.
Según los documentos judiciales, Liberty Reserve se convirtió en “el banco de referencia utilizado por el mundo criminal” para “distribuir, almacenar y lavar” las ganancias de sus actividades ilícitas.
Budovsky parece haber encontrado en Costa Rica un lugar muy adecuado para su “trabajo” (tráfico de drogas, robo de identidad y fraude con tarjetas de crédito), puesto que renunció a su pasaporte estadounidense para convertirse en ciudadano de nuestro país.
Aunque la actividad que realizaba Budovsky puede hacerse desde cualquier lugar, no hay duda de que los costarricenses se preguntarán por qué eligió el estadounidense este país para instalar su sede de operaciones. No es esta sin duda el tipo de transferencia de conocimientos o tecnologías que necesitamos.
Triste, lúgubre así debe ser el sentimiento de los honestos nacionales que quizás alimentaban la ilusión de que su país nunca llegaría a ser parte de actividades cibercriminales de semejante envergadura, aunque hoy formen parte de la maraña delictiva del mundo.
Costa Rica no es un país preparado suficientemente para combatir este tipo de delitos, a pesar de lo cual deberá hacer sus mejores esfuerzos.
Pero además deberá enfocarse a propiciar hogares con las condiciones necesarias para que los padres puedan dedicarse a educar hijos en la decencia, la unión y solidaridad familiar y donde todo eso sea motivo de orgullo.
Sabemos lo que es el mundo de hoy y no podemos sustraernos del lado oscuro del mismo, pero sí hay importantes cosas que hacer.
Y la tarea es no solo dura sino que debe ser constante, enérgica, a partir de profundas convicciones: debemos educar para la vida decente, para la honestidad, para la satisfacción de obtener logros mediante el esfuerzo y el trabajo, no por medio de la criminalidad.
Es hora de darnos cuenta de que la única posibilidad de recuperar y mantener la Costa Rica feliz que hemos tenido, en donde la vida pueda ser un verdadero remanso de paz, pasa no solo por una educación hacia el conocimiento —que es indispensable— sino también para la toma de conciencia de lo que queremos ser, más allá de lo que sea moda en el resto del planeta.



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