Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 3 Octubre, 2014

Descalificaciones e insultos cruzados no son la solución. La sensatez y la madurez deben de imponerse


Sinceramente

¡Con Costa Rica no se juega!

Hemos sido testigos y protagonistas de la gran discusión sobre el déficit fiscal en el proceso de la presentación y aprobación del Presupuesto Nacional. Toda esta discusión nos ha ido dejando un sabor amargo, una gran preocupación sobre la capacidad de los líderes costarricenses para ceder, entenderse y negociar.
Todos debemos entender que es responsabilidad inequívoca de ese Ministerio de Hacienda y de su titular enviar a la Asamblea Legislativa un presupuesto balanceado, con los gastos que la economía costarricense puede costear, y financiados con recursos sanos. Esto a mi parecer no se ha producido.


La discusión ha sido tormentosa. En la Asamblea Legislativa don Ottón Solís Fallas ha sido figura central. Primero el Ministro ha señalado que no se pueden hacer recortes. Luego manda más de doscientos mil millones en reducciones, entre ellas la posposición de cien mil millones de pago a la deuda pública que no es un recorte del gasto sino una posposición del desembolso.
El señor diputado Solís ha propuesto trescientos siete mil millones de reducción y ha sido el pararrayos de toda la discusión.
El PUSC, con valor ha pedido una cuidadosa reducción de trescientos dieciséis mil millones en renglones escogidos de gasto prescindible. Ya se hicieron en comisión reducciones por noventa mil millones.
Este presupuesto es incosteable para Costa Rica, su aumento excede la realidad al crecer 19,6%, lo que es un crecimiento por encima del de la economía, de la inflación y por depender para su financiamiento de préstamos en un 47% del total del mismo, cuando la deuda pública llega ya al 55% del producto interno bruto.
La tendencia que marca es ominosa por generar un déficit del 6,7% del PIB. ¿Por qué si se conocen las consecuencias de devaluación y de alzas de intereses e inflación perseveran en crecer el gasto de esa manera? ¿Por qué buscar una gran reforma tributaria o la debacle, bajo la presión de este gasto incosteable? La inflación y la devaluación son impuestos injustos y regresivos.
Mal sabor nos dejan los argumentos y defensas del presupuesto. He percibido un serio desgaste a la credibilidad del Poder Ejecutivo en estos días, en momentos en que apenas comienza la administración presente. Don Luis Guillermo se está gastando prematuramente por asuntos en los que no debería haberse desgastado.
Don Óscar Arias Sánchez ha enunciado una propuesta esta semana. Llega en el momento preciso y en la dimensión adecuada. Su idea es reducir el déficit en dos años en un cinco por ciento y aumentar la recaudación fiscal mediante impuestos directos y progresivos en un 3% y reducir el gasto en un 2% del PIB. La gradualidad y las herramientas la ponen a nuestro alcance. Una iniciativa salvadora, serena y posible.
Un gran acuerdo nacional debe de surgir en torno a gasto, reducción del mismo y aumento de impuestos. Descalificaciones e insultos cruzados no son la solución. La sensatez y la madurez deben de imponerse. El país no debe dejarse despeñar. La crisis de los 80 no debe de repetirse jamás.

Emilio Bruce

Profesor
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