Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 22 Febrero, 2012


Hablando Claro
¿Causa o consecuencia?

Tenemos el pésimo hábito de insultar primero y preguntar después. Primero hígado, luego cabeza. En los últimos días hemos escuchado la mayor cantidad de insultos y epítetos contra Ottón Solís de los que supongo nunca logró acopiar durante los años de pelea del TLC y sus leyes complementarias. Claro que eso de denigrar no es prerrogativa de unos cuantos. Como somos genéticamente iguales todos nos tropezamos con la piedra de la crítica impensada y mordaz que es parte de la debilidad humana. Lo digo porque lo he hecho y también porque en su día yo misma fui víctima de un ataque gratuito de don Ottón. Nada más para dejar claro que no priman defensas oficiosas.
El líder de Acción Ciudadana está acostumbrado a la pelea fuerte. Solo que ahora le ha llovido tieso y parejo también desde adentro. Los suyos lo han llamado en público y en privado, caudillo (antes era un buen término) dictadorzuelo, dios, dueño del partido, destructor de la divisa que creó, traidor, liberacionista y un interminable etc. Todo porque después de meses de refriega y espera en la batalla de la tramitación del plan fiscal tiró la toalla ante el inmenso desaguisado que es la madeja de una alianza que no ha sido capaz de demostrar que quería el poder para algo más que hacerse del timón de mando del Congreso.
Lo que constituyó en su momento la jugada política más habilidosa de la oposición y la más arriesgada del PAC para cobrarle al oficialismo su pésima conducción parlamentaria y generó la expectativa de que tal vez haría posible recuperar un poco del sentido de orientación perdido en medio de un mar revuelto, se convirtió casi un año después, en otro desaguadero más. De modo que si bien es cierto la Alianza por Costa Rica nació para ponerle un estate quieto a un PLN dividido por sus luchas intestinas y signado por la debilidad del Ejecutivo; también lo es que se esperaba diera frutos más allá de su victoria del 2 de mayo. En otras palabras, que mostrara los resultados de su quehacer o al menos de su querer hacer.
Pero ha sido imposible. El entrabamiento asfixiante de los largos mecates del reglamento, de la falta de dirección y de propósito, el libertinaje absurdo del poder de veto, de la delirante tramitación de miles de mociones obstruccionistas, los manejos abiertos de filibusterismo y las prácticas perversas debajo de la mesa, terminaron de colmar la paciencia de Ottón Solís quien abrió la caja para destapar lo que ya no cabía: una alianza indigerible que sugiere que termine si no se aprueba el plan fiscal el 30 de abril “para limpiar mi vergüenza”, como me dijo el lunes en nuestra conversación radiofónica.
¿Y ahora resulta que él es el causante (culpable) de este remezón? No lo creo. Don Ottón solo destapó lo que tarde o temprano reventaría como un divieso: la alianza del PAC con el Libertario y los socialcristianos no aguanta más.
Al menos así parece. Excepto que esté dispuesto a rendirse (retirarse) y entregarle la agrupación que indiscutiblemente aún lidera a los que al parecer no sabrían qué hacer con ella. Noticia en proceso.

Vilma Ibarra