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El ausentismo de los legisladores genera muchas veces falta de quórum y con ello imposibilidad de discutir temas que son urgentes para Costa Rica


Banquete de permisos


Abusar de los permisos con goce de salario en ningún caso es algo que deberían hacer los llamados “padres de la Patria”, llamados como están a dar el buen ejemplo. Sin embargo aparentemente ocurre.
Es bueno tocar temas como este en año de campaña electoral, en el que se exacerba el de por sí permanente afán electorero de la clase política nacional, con pocas excepciones.
Estas ausencias de los diputados en los últimos tres años han costado a los costarricenses casi ¢300 millones, como lo informa una nota de este medio ayer, dinero que por cierto podría haberse utilizado en otras necesidades que no se atienden bajo el supuesto de que no alcanza el Presupuesto Nacional.
Pero no solo esta consecuencia negativa tiene para el país el ausentismo de los legisladores, sino que la misma genera muchas veces falta de quórum.
Ello imposibilita discutir temas que son urgentes para Costa Rica. Si los congresistas permanecieran en la Asamblea Legislativa, estudiando proyectos junto a sus asesores, podrían no afectar el quórum cuando se requiera.
Para colmo no hay una seria rendición de cuentas a la población que informe en detalle en qué se empleó el tiempo de cada ausencia (en los casos en que no fue incapacidad certificada por la Caja) y tampoco una mejora cualitativa en la labor del Congreso.
Parece que esa lección permanente de buen ejemplo en el cumplimiento de la función pública, que debería ser uno de los objetivos permanentes de los diputados, a estos no les preocupa.
Eso lleva directamente a preguntarnos, ¿qué se hace al interior de los partidos políticos? Supuestamente ese es el espacio de formación de sólidos políticos para que, si algún día llegan al Congreso, hagan un papel ejemplar.
¡Qué lejos estamos de esto! Tan lejos que se ve como una utopía cuando debería ser la realidad.
Una vez más entramos en ese periodo en que las agrupaciones políticas comienzan febril actividad. Pero ello solo porque se debaten en feroz lucha por el poder.
Sin embargo, una vez que lo obtienen, la efervescencia baja rápidamente, los grandes problemas de la población costarricense pasan a segundo o tercer plano y el tiempo y energía se gastan en algunas ocurrencias que pueden favorecer a ciertos intereses particulares, pero sin un plan-país que beneficie a todos en lo esencial que necesita una población: mejorar su calidad de vida.
 

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