Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 24 Septiembre, 2014

Si a pesar del calvario de nuestras rutas nacionales sigue decidido a pasear, lo felicito, es muy aventurero


Hablando Claro

Turismo a prueba de obstáculos

Regreso cualquier domingo por la noche de Guanacaste. Como cientos o miles más. La incomodidad de paso por Liberia al menos se sabe tendrá fin, pues los trabajos de ampliación y modernización, si bien dispersos a lo largo del trayecto, son un hecho concreto.
De lo poco que podemos estar seguros en este país que acumula cuatro décadas de rezago en infraestructura vial, es que habrá un tramo nuevo de ruta hacia y desde Guanacaste.


Otro gallo canta con el sector Cañas–Barranca que está en dibujos. Que tenga financiamiento aprobado no significa mucho. Ya sabemos que pagamos por préstamos que no somos capaces de ejecutar.
Por tanto, transitar lentamente por los muy estrechos carriles sin iluminación y con una gastada demarcación de Limonal al Cruce de Miramar, es el precio por pagar si uno quiere o tiene que trasladarse hasta la pampa.
Y aunque luego se pasa con relativa agilidad por Caldera, hay que emplearse a fondo con paciencia y destreza para meterse en el nudo gordiano de la entrada a Pozón, donde cada domingo miles de apurados habitantes de la GAM corrieron a Jacó y sitios cercanos a desestrezarse del trajín semanal y regresan (por supuesto estresados) por la ruta 27. Nueva, pero ya estrangulada en algunos tramos.
¿Y el MOPT? Bien, gracias. Casi cinco años después de que la carretera opere, el estado ni siquiera ha dado la Puesta en Servicio Definitiva (PSD) a toda la obra.
Y como si eso no fuera suficiente, ni siquiera se habilita el carril reversible los domingos porque a algún funcionario le parece innecesario. Tan innecesario como calificar de prioritaria la ampliación.
Otro caso. Si por casualidad usted se anima a ir a Limón, el vía crucis es temerario. El primer tramo, por el Braulio Carrillo, padece los estragos de un diseño que nunca debió haber sido para un país tropical en el que ingenieros y políticos decidieron cortar la montaña con un grado de temeridad que habrá de recordarse toda la eternidad.
Y si se logra llegar hasta la entrada de Río Frío, entonces el transitar se torna lentísimo al meterse en el embudo de dos carriles colapsados que tienen al borde a los limonenses, cuyos diputados siguen creyendo que la solución está en que se apruebe el famoso empréstito chino, aunque no tengamos ni planos catastrados que concreten la aspiración de la nueva ruta.
Para terminar la pesadilla, si a usted se le ocurre ir a La Fortuna de San Carlos vía San Ramón (o igual por la calle vieja a Ciudad Quesada) es mejor que asuma que al devolverse tendrá que penar por la gloria del disfrute.
Primero es lento salir de San Ramón y colarse en la ruta principal, después debe tomar fila india para llegar al peaje de Naranjo y luego a partir de El Coyol vea a ver cómo se entretiene hasta que llegue al Aeropuerto Juan Santamaría.
Y si después de esto usted todavía tiene ganas, como yo, de salir de San José los fines de semana, lo felicito. ¡Es muy aventurero!

Vilma Ibarra