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Jueves 2 Mayo, 2013

No espere (la Presidenta) que se apruebe su alegre ociosidad, sus francas excursiones cuando las gentes regresan fatigadas de su trabajo


Entre Villa Real y Zapote

En las noches oscuras, desde las colinas que rodean el residencial Villa Real, en Santa Ana; se encuentra la primera mujer costarricense elegida desde que se permite el voto femenino en 1949, como Presidente de la República de Costa Rica y la quinta mujer en América Latina.
Desde su hogar se ve el reluciente halo de luces de la capital reflejándose en el cielo nuboso, tan cercano de Zapote está el hogar presidencial, que desde su cómodo sofá debe recordar aquel bello acto en la Sabana donde recibió la banda presidencial. Debió sospechar por primera vez el esplendor y la grandeza de su posición a la que el “destino” la ha elevado.
Ahora, por primera vez, comprende Miranda, plásticamente, el inflamado sentido y la orgullosa promesa que contiene este título.
No dudo que la acogida más hermosa es la que hace el pueblo, por lo tanto, ¿qué hubiera sido más natural sino que la Primera Servidora de Costa Rica, una mujer, una dama, conociera más que ningún funcionario a su pueblo?
Pero el verdadero sentido, o más bien la falta de sentido del ceremonial, consiste precisamente en oprimir o torcer lo natural en todas las formas de la vida.
Entre Villa Real y Zapote se alza para Chinchilla Miranda una muralla invisible: ¿la incomunicación? Después de haber saboreado o sufrido en secreto el paradisiaco fruto de la silla presidencial, tanto más poderosamente impresiona a la Presidente la mala calificación de su incomunicado y solemne pueblo.
En cuanto a honores, tal vez ha recibido todos los que es posible imaginar; pero no ha sido el que más le ha impresionado del modo más profundo, sino el que más le inquieta y que se encuentra en el ardor del pueblo: la aprobación.
Yo lo he comprendido bien y jamás he de olvidarlo, las impresiones fuertes de este pueblo costarricense son siempre accesibles a su natural fácilmente emocionable espíritu, y es de mucho cuidado con acciones, la bella conmoción producida en el corazón de un político por este afecto popular.
Con gran júbilo un ujier de sus más cercanos, proclama millones para ganar esa impresión del pueblo, ese respeto, el ardor del ser costarricense.
Pero la muralla que divide Villa Real y Zapote, no es la misma que separa a Zapote del pueblo.
Son actos más precisos los que envuelven ruidosamente a la muchedumbre a levantar su voz en diversas ocasiones, entre constantes casos de corrupción y millonarias “inversiones” en publicidad, un pueblo clama por una infraestructura vial adecuada, mejor educación, inversión en un pueblo que da mucho y espera por sí mismo se le corresponda.
Si Miranda debe cambiar su ideal y ver que más de cuatro millones de criaturas como de un derecho propio, pero saber que el derecho a ese amor impone también deberes, y que el amor más puro acaba de fatigarse si no se siente correspondido.
No queremos millones derrochados en placeres, fotografías y titulares. No deseamos más sonrisas indolentes a nuestras entusiastas aclamaciones; y he aquí que en la muchedumbre continuemos construyendo muros de vidrio a su paso.
No espere que se apruebe su alegre ociosidad, sus francas excursiones cuando las gentes regresan fatigadas de su trabajo. No deseamos más sonrisas indolentes, ¡deseamos una Presidente trabajadora!

Erick Quesada Cruz