Basta de intrigas y bajezas
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Un desviado ejercicio de la política pone y retira del escenario del poder a unos y otros, sin más razón que intereses particulares

Basta de intrigas y bajezas

A este país le urge el análisis profundo, la definición y puesta en marcha de un plan nacional destinado a dar respuesta a los principales problemas esenciales de los costarricenses, como la salud, la educación, el empleo digno, las brechas sociales, la violencia en sus diferentes formas y ámbitos, entre otros.
Un plan capaz de restaurar y actualizar las características de sociedad solidaria que tan buenos frutos ha dado y que nos distinguió del caótico devenir que siguió el resto de la región.
No obstante, un enorme desgaste de tiempo y energía se emplea desde hace ya décadas, por parte de las diferentes corrientes políticas en el país, interesadas en alcanzar el poder por la obtención con ello de beneficios particulares.
Esto nos ha rebajado a una condición de politiquería permanente, con el daño aparejado, visible ya en diversos ámbitos de la realidad nacional y en la calidad de vida de la sociedad, con pocas excepciones.

Este desviado ejercicio de la política, en medio del cual lo importante es destruir al enemigo aunque la patria y los costarricenses se desangren en las batallas, pone y retira del escenario del poder a unos y otros, sin más razón que intereses mezquinos.
El foco de atención, la inteligencia y las estrategias no están centrados en construir una mejor calidad de vida para toda la sociedad y en cuidar el maravilloso territorio que tenemos para vivir y sus recursos naturales, sino en destruir.
Es urgente que se produzca un cambio profundo en el modo de pensar y actuar de la clase política nacional y este deberá estar signado por un fuerte anhelo de conseguir el bien común.
Solo un cambio así puede despertar la tan deseada credibilidad política. Con él vendría también, sin duda, el apoyo necesario para desarrollar el plan que otorgue carácter sostenible al desarrollo de una Costa Rica que vuelva a destacarse en el mundo.
No puede la clase política continuar un elegante discurso en el exterior de lo que somos y lo que queremos, cuando ello se contradice con una muy distinta realidad.
La corrupción ha impregnado a la sociedad de tal modo que se confunde con virtuoso a quien más corrupto está y a quien más logra corromper en una carrera descendente de degradación humana.
No obstante, lo mejor de la nacionalidad costarricense está vivo. Es perfectamente posible, sin más destrucción, iniciar la vía de la reconstrucción nacional.

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