Miguel Angel Rodríguez

Miguel Angel Rodríguez

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Lunes 31 Agosto, 2015

Pido a Dios que los próximos 75 años de la UCR sean tan fructíferos como los primeros. Lucem aspicio

75 años en búsqueda de la luz

Lucem aspicio. Esa es la tarea: buscar la luz, porque en nuestra radical ignorancia nunca la acabamos de encontrar. Por eso tiene tanto sentido el lema de nuestra querida Universidad de Costa Rica.
La UCR recién cumplió 75 años de su fundación. Nace 52 años después de haberse cerrado la Universidad de Santo Tomás, lo que nos había dejado con solo unas pocas escuelas profesionales.
Y nace con toda la energía del reformista gobierno del presidente Rafael Ángel Calderón Guardia que apenas se iniciaba, y de la mano de don Luis Demetrio Tinoco, el muy querido don Mechito, secretario de Educación que fue su principal impulsor.
Es una fecha que sin mezquindades la historia y todos los costarricenses debemos celebrar. Y aprovechar para reflexionar.
Personalmente no puedo terminar de agradecer todo lo que debo a la UCR.
Aquí como exalumno, como profesor y como admirador de la UCR me permito esbozar algunas ideas de los cambios que considero necesarios para que esa búsqueda interminable de la luz sea más eficaz y eficiente.
Hace ya casi 50 años participé marginalmente en un debate en los medios, cuyos principales protagonistas fueron dos admirados y queridos amigos con gran influencia en nuestra educación superior: Alberto Di Mare y Claudio Gutiérrez.
La UCR tenía entonces el monopolio de la educación universitaria. Unos defendían que así debería continuarse y que ello obligaba a nuestra universidad a atender aceleradamente una cantidad cada vez mayor de estudiantes. Otros opinábamos que la UCR debería ser Torre de Marfil y por ende privilegiar la investigación y la excelencia académica, dejando a otros entes públicos y privados buena parte de la extensión de la matrícula.
Unos años después vieron la luz el Tecnológico en cuyo proyecto de creación tuve el privilegio de participar durante el gobierno de don José Joaquín, y la UNA en el gobierno de don Pepe. Y en la Administración de don Daniel Oduber, don Fernando Volio abrió las puertas a la educación universitaria privada y surgió de primera la UACA.
La UCR durante este periodo ha construido una posición de privilegio entre las universidades de América Latina. Ocupa el lugar 21 entre ellas, después de universidades de países con población mucho mayor: Brasil, México, Argentina, Colombia, Perú y Chile. Pero el tema no está agotado. ¿Cuánta mayor excelencia y más productiva investigación se podrían dar en la UCR con mayor control de los gastos administrativos y más concentración en excelencia e investigación?
La otra discusión de añeja solera se refiere a la justicia social. ¿Se debe seguir con bajo costo de matrícula a todos los estudiantes, lo que favorece en gran medida, y en especial en las carreras con cupo más restringido, a los estudiantes provenientes de colegios privados en que han pagado elevados precios?
¿No sería más justa una política de matrícula universal que cubra los costos de educación superior (no de investigación ni de otras tareas), complementada con becas y préstamos a los estudiantes que lo requieran por sus condiciones económicas?
Pido a Dios que los próximos 75 años de la UCR que sean tan fructíferos como los primeros.
Lucem aspicio

Miguel Ángel Rodríguez