Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 15 Septiembre, 2011


Vericuetos
50 años del Colegio Calasanz

Coincidiendo con el Día de San José de Calasanz y el aniversario de su fallecimiento, el 25 de abril pasado, el Colegio Calasanz celebró su Acto Institucional conmemorativo de sus 50 años de presencia en Costa Rica.
El evento, cargado de emotividad, congregó a cientos de sus actuales autoridades y estudiantes, así como a muchos personajes de la vida ciudadana, a exalumnos y familias que durante todos estos años hemos tenido la inmensa suerte de formar parte de la familia calasancia.
De manera muy elocuente el ministro de Educación, don Leonardo Garnier, un viejo y cercano amigo de la institución, resaltó los valores que confluyen en la educación que imparten los Padres Escolapios apegados siempre a su lema “Piedad y Letras” y destacó el hecho cierto de que la principal característica de la personalidad de quienes han transcurrido por esas aulas es que tienen “los pies en el suelo”. Sin ninguna duda la educación para la vida cargada de realismo y humanidad es uno de los pilares más importantes de la formación integral que constituye el compromiso educativo del Cala.
Gracias a que mi tata era muy madrugador y por esas casualidades de la vida, tengo el honor de haber sido el primer alumno en ingresar a las aulas ese 6 de marzo de 1961, acontecimiento que me permitió el gusto de ser, en esa condición, partícipe del Acto Institucional, junto con mi queridísimo amigo y compañero desde entonces, Alvaro Coronado, que es un fiel ejemplo de la educación de las Escuelas Pías y quien fue el primero en matricularse en aquella sede original, frente al Salón de Patines de San Pedro, una vieja casa de madera que no sobrevivió al paso de los años.
Compartimos con excompañeros y sus familiares y, por supuesto, con algunos de nuestros primeros maestros, entre ellos aquel sacerdote carajillo venido de Valencia, el padre Manuel Antequera, que sin proponérselo, y probablemente sin quererlo, llevó el gran honor y la gran responsabilidad de conducir el nuevo Colegio mientras llegaba el padre Remigio, nuestro director designado.
Recordamos a todos con muchísimo cariño, al padre Bruno y al padre Luis, a los padres Pobo, Gaspar, Llombart, Muñoz, Zaera, al hermano Severino, a nuestro queridísimo Juan Alvarez, maestro de vida y ejemplo total de hombría de bien, a la niña Canita, a Edwin Vargas, a Paco Marín y tantísimos otros formadores; compartimos con Jorge Fernández, con don Vicente Santamaría, con Joaquín y Chico Pineda, sonreímos con afecto y cariño ante la memoria de doña Gloria y de Quincho y de tantos compañeros con quienes convivimos durante nuestros 12 inolvidables años de vida calasancia, en especial de los que se nos han adelantado y de los que, estando aún entre nosotros, no hemos visto por largos años.
Unos días después, tuvimos el inmenso gusto de volver a reunirnos la mayoría de los compañeros del primer grado de 1961 con el padre Manuel, para tomarnos la misma foto 50 años después y para volver a ver a Willy, desaparecido desde hacía 45 años. Jue… como pasa el tiempo.
Fue grandioso volver a ver a muchos y recordar a otros, fue maravilloso reconocer que el cariño permanece invariable tantos años después, tan profundo y tan vivo como si hubiera sido el día siguiente.
Fue extraordinario reconocer que el Calasanz se lleva en el alma y en el corazón, para siempre.