El país ha vivido una tremenda metamorfosis en cuestión de unos cuatro años. Donde cultivábamos buenas maneras sociales y respeto mutuo, ahora escuchamos gritos, insultos y descalificaciones desde las alturas. Tales exabruptos se nos ha explicado que son por la violencia social acumulada por los partidos tradicionales que dieron lugar a brotes de corrupción. La corrupción fue el detonante entonces. ¿Pero dicha corrupción se ha detenido? ¿Se acabó la corrupción, los chorizos y el abuso del poder? Estas dos preguntas se las han comenzado a hacer miles de costarricenses que votaron fuera a los partidos fuertes dominantes del ayer y hoy debilitados por el impulso de uno nuevo.
Gritos, insultos y descalificaciones son según esta narrativa el desahogo de los pueblos por haber vivido una dictadura de sesenta años. ¿Vivió Costa Rica una dictadura de sesenta años? ¿Será que algunos gozamos de mala memoria que no recordamos campos de concentración, fusilamientos, ejércitos en las calles y uno que mandaba y todos que obedecíamos? A los viejos esta narrativa nos resulta muy poco creíble, a los jóvenes no tanto ya que no vivieron la democracia de aquellos años.
Estoy claro que abusos y autoritarismo se dieron luego de los procesos armados contra algún gobierno al final de los años 40. Muchos del bando derrotado en la revolución fueron intervenidos, se cuestionó la propiedad de sus bienes, tuvieron que comparecer en procesos y demostrar que lo habido era bien habido. Algunos sufrieron, algunos perdieron sus casas, algunos salieron al exterior para evitar represalias y verse expuestos a abusos. Pero una dictadura no se llegó a establecer.
Cuando fue electo don Mario Echandi Jiménez regresaron la mayoría de los exiliados y don Mario luchó a brazo partido con elegancia y caballerosidad por lograr la unidad de la familia costarricense. Muchas personas guardaron resentimientos en su corazón por lo sufrido. Dictadura no se instaló. Don Rafael Ángel Calderón y doña Rosarito regresaron al país con sus hijos. Don Teodoro Picado también quiso regresar, aunque fuera enfermo de Parkinson que le afectaba el habla, su equilibrio y su independencia y movilidad personales. Regresó ya muerto al país. Una persona de bien a quien atribuyeron ser un borracho por los síntomas de su enfermedad. La crueldad humana a veces no tiene límites claros hasta que se sufre de manera personal. De allí a afirmar que el país vivió en dictadura y totalitarismo sesenta años no, enfáticamente no.
Ni don León Cortés Castro, ni don Rafael Ángel Calderón Guardia, ni don Teodoro Picado Michalski, ni don José Figueres Ferrer y menos don Francisco J. Orlich Bolmarcich que vivieron la época de los enfrentamientos revolucionarios y la Segunda Guerra Mundial se hicieron rodear de un aparato de carros blindados, carros con guardaespaldas numerosos, ametralladoras y chalecos contra balas nuevos y sofisticados. Hoy de manera continua vemos transitar con motos, provistas de ruidosas sirenas caravanas que el país rechaza.
Se nos dice que Costa Rica vive una guerra contra el narco y que el Ministro de Hacienda debe de ser resguardado. Muchos se preguntan, ¿y el resto de los ministros? La señora Presidente de la República también atraviesa con esas caravanas carreteras y calles. ¿Y los vicepresidentes por qué no? ¿No están ellos en la misma guerra contra el narco? ¿Y el señor ministro de seguridad pública por que no tiene su propia caravana de intimidación? ¿Y el director de la DIS? Es extraño, los presidentes de los otros poderes tampoco son precedidos por sirenas, motos y el aparato de seguridad que ya todos ustedes lectores habrán sufrido en los embotellamientos de tránsito. ¿Será que sólo buscan cultivar una imagen para ellos y que los demás no cuentan?
En estos días el Canciller de la República fue destituido cuando cumplía obligaciones en los Estados Unidos. Nadie lo esperó a que regresara, nadie le pidió explicaciones, nadie escuchó cuanto tenía que decir de su trabajo y de su ejecutoria. Siempre en este país se escuchó primero el descargo y se les pidió la renuncia a quienes no se deseaba continuaran en el gobierno. El canciller no es cualquiera, el canciller es una ficha de primer orden, el canciller es quien gestiona las relaciones exteriores de Costa Rica. No hubo consideración alguna para quien había exitosamente desempeñado su puesto. Uno primero escucha, luego amonesta, luego dependiendo de la gravedad de la falta o de la omisión se le pide la renuncia. Se le fusiló sin el debido proceso. A don Manuel Tovar mis simpatías a pesar de sus posibles yerros.
El país ha ido cambiando, pero para menos consideraciones, para menos apego a los procedimientos escritos y a la humanidad inherente a ellos. Qué pena. Cómo siento la narrativa que ahora se sigue y cómo siento el daño humano a personas que a su leal saber y entender estaban haciendo bien al país.



































