Participé este sábado 26por invitación de José Antonio Rosas en un Foro organizado por las Universidades Alba de Chile y Pontificia Antonianum de Roma, el Grupo PRISA yel Centro Liderazgo Democrático en conmemoración y para análisis de los 25 años de la Carta Democrática Interamericana.
El evento revistió especial interés y emotividad por las contribuciones de la admirada lideresa de Américami querida amiga venezolana María Corina Machado ydel Exvicepresidente de Nicaragua laureado escritor Sergio Ramírez, verdaderos paladines y ejemplos de la entrega a la lucha por la democracia.
Lo más estimulante para que todos hagamos propia la lucha por la democracia liberal -que es la mejor garantía para la protección de la dignidad, la libertad y el bienestar de cada persona- fue escuchar a María Corina Machado y a Sergio Ramírez. María Corina más conmovedora y convincente que nunca porque su fuerza no es de palabras sino de vida, de apostolado ejemplar y sin límites, de esperanza basada en el corazón, la mente y la voluntad de cada venezolano. También emociona sentir la angustia de Segio Ramírez ante el abandono que se siente por la lucha de los hermanos nicaragüenses oprimidos por la crueldad de esa bicéfala dictadura. Todos debemos renovar el compromiso de seguir sus ejemplos, y no desfallecer en nuestra dedicación al imperio de la dignidad, la libertad y la solidaridad en una América de naciones democráticas liberales.
También participamosen el Foro el Ministro de Chile y Exsecretario General de la OEA José Miguel Insulza, el Senador de Chile y Presidente de UPLA Francisco Chahuan,el Exministro de Colombia y Vicepresidente de PRISA Fernando Carrillo y yo.
Fue para mi un gran gusto y honor compartir con este selecto grupo, en especial porque tuve la ocasión durante el ejercicio de la Presidencia de Costa Rica de impulsar junto con los gobiernos de Canadá y Perú la adopción de este importante compromiso interamericano.
Brevemente recuerdo la gestión de la Carta Democrática Interamerican, que dio nacimiento a la democracia como un derecho humano en nuestro continente, a las vicisitudes desde su vigencia y comento la situación actual y mis sugerencias para esta época de confrontación, populismos y tendencias autoritarias.
Construir la democracia ha sido una larga y tortuosa marcha de la humanidad, con altas y bajas, con claros y oscuros. Se ha ido construyendo gradualmente; aprendiendo de experiencias pasadas; elucubrando sobre las posibles ventajas de diferentes cambios institucionales;sufriendo ataques a su vigencia, sucumbiendo unas veces, sobreviviendo otras, y a con dolores de parto renaciendo; aprendiendo de la historia y tratando de responder a las circunstancias del presente con el conocimiento que la humanidad ha ido lentamente adquiriendo.
Y en su esencia es frágil.
Su propia permanencia depende de un sistema electoral confiable y justo y de un estado de derecho que controle el poder, respete la división de poderes, asigne competencias, establezca debido proceso, revisión judicial de las decisionesadministrativas y defienda las libertades públicas y los derechos humanos de todas las personas para garantizar su dignidad y libertad.
Pero eso no es suficiente. La vigencia de la democracia también depende de la voluntad de los ciudadanos de defenderla. Como nos lo sentenció don Joaquín García Monge frente al Monumento Nacional celebrando el primer centenario de nuestra independencia: "...la libertad hay que conquistarla y reconquistarla continuamente, que sólo se pierden los pueblos que se cansan de ser libres…”
Hace cuatro años en esta columna publiqué: “Hoy los latinoamericanos hemos sufrido la experiencia vivida en varias naciones de personas que llegan legítimamente al ejercicio del poder para luego usar las propias estructuras del poder para corromper la institucionalidad democrática, y perpetuarse ellos o su grupo en el ejercicio del gobierno violentando los derechos políticos de los ciudadanos, la libertad de expresión y la independencia judicial.” Esa realidad sigue siendo evidente.
En los últimos años del siglo XX se dio una ola democrática en nuestra región. De tres democracias que había en América Latina en los ochentas pasamos a que solo Cuba no fuera democrática a inicios del siglo XXI. Pero durante ese mismo apogeo democrático se hizo patente la necesidad de la protección hemisférica a la democracia.
En Perú el gobierno legítimamente electo del Presidente Alberto Fujimori rompe el orden constitucional, impide el funcionamiento del poder legislativo, la libertad de expresión y la independencia judicial, y se perpetúa en el poder.
Fue un poderoso llamado de atención. Recordó que la democracia no solo se pierde por golpes de cuartel.
Ya en Europa la cláusula democrática que exige esa condición para poder integrarse y permanecer como miembro de la Unión Europea, así como los documentos constitutivos y las resoluciones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos habían consagrado el derecho humano a la democracia, y la defensa internacional de ella.
En 2001 en la Cumbre de las Américas de Quebec tuve el honor de presentar la moción de Costa Rica para que se declarase que la vigencia de la democracia era condición esencial para el cumplimiento de los objetivos de las Cumbres y que no podría participar de ese proceso el país que perdiese la suya.
Mes y medio después en la Asamblea General de la OEA en San José no se pudo terminar de aprobar la Carta Democrática Interamericana (CDI) promovida por Canadá, Costa Rica y Perú, pero se convocó la reunión extraordinaria que la aprobó el 11 de setiembre de ese año en Lima.
La primera y muy clara aplicación de la CDI y de sus principios se da en 2002 durante el golpe militar contra el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela, cuando estaba en San José reunido el Grupo de Río bajo mi presidencia y se actuó muy velozmente en contra de esa violación a la democracia.
Con la fuerza del socialismo del siglo XXI de Hugo Chávez, la CDI tuvo poca aplicación, salvo a Honduras por el rompimiento del orden constitucional en 2009 por parte de grupos contrarios a la izquierda. Al mismo tiempo se toleró los desvíos antidemocráticos en Venezuela. Nicaragua, Ecuador y Bolivia.
Para la Cumbre de Panamá en 2015 se invitó a Cuba a participar rompiendo con la decisión de Quebec.
Con posterioridad y frente a las patentes violaciones a la vigencia de la democracia primero en Venezuela, después enNicaragua y en Bolivia con relación a las elecciones de 2019 la OEA ha tratado de aplicar la CDI con variado éxito, pues alianzas políticas entre diversos grupos de naciones han impedido su aplicación rigurosa.
Cómo lo evidenció la Cumbre de las Américas en Los Ángeles de 2025 los ánimos democráticos de una buena parte de las naciones de la OEA han flaqueado, y en nuestro continente al igual que en buena parte del mundo ha decaído el aprecio por la democracia y la libertad.
La necesidad de defender la democracia en las Américas y de encontrar medios más idóneos para lograr su fortalecimiento se vuelve aún más importante por el abandono que la agenda global ha hecho de los temas de democracia y libertad, que tan importantes fueron en el mundo occidental durante la guerra fría y después de la caída del Muro de Berlín.
También encontrar maneras más efectivas de promoción ydefensa de la democracia es más urgente por la confrontación geopolítica actual y por el cambio de actitud de EEUU, que ha hecho abandono o al menos a limitado su compromiso con la vigencia de la democracia liberal y con una institucionalidad y un orden político y comercial internacionales basados en normas prestablecidas
Diversas personas, organizaciones e incluso países se preguntan si para ello bastacon modificar la CDI.
Puede ser que sea conveniente alguna modificación. Por ejemplo, algunos juristas señalan que es necesario cambiar el régimen sancionatorio de la CDI pues expulsar al infractor no ayuda a reconquistar la democracia. Otros con buen tino señalan que las redes sociales yla IA obligan a incluir obligaciones de los estados ante estas nuevas realidades para proteger la vigencia de la democracia y el estado de derecho.
Pero dudo de que ello sea suficiente.
La ineficacia de la CDI no ha radicado en sus principios si no en la falta de voluntad de las naciones miembros de la OEA para aplicarla.
Eso nos podría indicar otra ruta que vale la pena explorar. La ruta del sistema interamericano de derechos humanos.
En América el sistema de protección de DDHH se vino desarrollando desde la propia adopción de la Carta de la OEA en Bogotá en 1948, luego con el establecimiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos creada por la V Reunión de Consulta de Ministros de RREE en Santiago de Chile en 1959, siguiendo con la Convención Interamericana de Derechos Humanos (Pacto de San José) de 1969 y la creación de la Corte Interamericana de DDHH que se radica en nuestra capital y culminando en 2001 con la Carta Democrática Interamericana
Con este desarrollo ahora al menos en América y en Europa se considera que la democracia y el estado de derecho son un derecho humano. Esto es, que para las personas es un derecho fundamental vivir en una democracia liberal.
Que esto sea así en nuestros continentes hace que la democracia liberal sea protegida internacionalmente por los sistemas de justicia, dado el inmenso avance de la segunda mitad del siglo XX que estableció la protección internacional de los derechos humanos (DDHH).
¿Será que deberemos recurrir a la vía de la Comisión Interamericana de DDHH y de la Corte Interamericana de DDHH para evitar los arreglos de conveniencia política entre gobiernos en el Consejo Permanente y en las Asambleas de la OEA, que tanto han limitado la aplicación de la CDI en defensa del derecho de las personas a vivir en democracia?



































