Enviar
Martes 9 Marzo, 2010


Los europeos parecen estar comprendiendo que, aunque su modelo de integración ha sido exitoso, no puede trasplantarse ni imponerse aquí

Una nueva dinámica en la negociación con Europa

Luego de siete meses de suspensión por la crisis política en Honduras, se reinició la negociación, en los tres pilares —político, cooperación y comercial—, del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Centroamérica. La negociación ahora va en serio. Con nueva Comisaria de Comercio Exterior y con España en ejercicio de la Presidencia del Consejo Europeo este semestre, la meta es firmarlo en mayo. Bruselas ha establecido, para dicha nuestra, nuevas reglas, y parece que, finalmente, ha comprendido cómo tiene que plantarse en esta negociación, si quiere finalizarla.
Ante la mirada atónita de nuestros hermanos del Norte, en diciembre pasado la Comisión Europea firmó con Costa Rica, un Memorándum de Entendimiento para Establecer Mecanismo de Consulta Bilateral, que sentencia un inteligente “plan b”. Además, formaliza la incorporación de Panamá, aún como observador en la pasada ronda, dándole ya un trato de parte. Estas decisiones revitalizan el fondo de este acuerdo: el pilar comercial.
Otra parte centroamericana comparte nuestros intereses en esta negociación, y dado que cerca del 70% del comercio entre ambas regiones, es con Costa Rica y Panamá, el balance de fuerzas ha cambiado. Estas acciones son también una clara señal de alerta a algunos sectores, que han creído tener derecho de veto, sea por su peso económico relativo en los países, o por su real o supuesto peso político.
En el pilar de cooperación, también Europa cambió el balance, sentenciando que no aceptará nuevos chantajes ni desplantes, y que no pagará peajes a ningún gobierno. Consecuentemente, corrigió los mandatos e interpretaciones con que inició el proceso y que permitieron, a algunos países centroamericanos, actos de boicot.
En lo político, Europa ha enviado señales de practicidad alentadoras: acepta que Panamá se incorpore, a su ritmo, al proceso de integración regional y no interviene para evitar su denuncia al Parlamento Centroamericano. Tampoco presiona a Costa Rica para integrarlo, ni para aceptar la jurisdicción de la Corte Centroamericana de Justicia. Su prioridad es la facilitación del sistema aduanero, para facilitar el tránsito comercial por el istmo.
Aún no se puede cantar victoria. Faltan al menos dos rondas y mucho trabajo técnico entre estas, y la verdad del proceso se reflejará en el balance del cierre, y en la coherencia del diseño, la orientación y los mecanismos de rendición de cuentas, con que Europa establezca la agenda de implementación, resultante del pilar de cooperación.
Los europeos parecen estar comprendiendo que, aunque su modelo de integración ha sido exitoso, no puede trasplantarse ni imponerse aquí. Las disparidades de Centroamérica en etapas de desarrollo socio-económico; madurez política, institucional y ambiental; así como en educación y cultura, son reales y profundas, y no pueden atropellarse ni ignorarse. Las diferencias entre el Norte y el Sur de Centroamérica requieren, guardando las proporciones, un proceso de maduración y evolución, como el que se dio entre el Este y el Oeste europeo.
Tampoco está claro si Europa tomará medidas para alinear su cooperación a los órganos del Sistema de Integración, a algunas ONG con intereses y prácticas cuestionables, y a algunos gobiernos, exigiéndoles una rendición de cuentas transparente; eficiencia y eficacia, en el uso de sus euros en cooperación. Ojalá sepa aprovechar esta coyuntura también para ello.

Alexander Mora Delgado
[email protected]