Emilio Bruce

Emilio Bruce

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Viernes 9 Mayo, 2014

Queremos una Costa Rica de verdad, un país honesto. No hay mucho tiempo y la tarea es enorme


Sinceramente

¡Un brillante comienzo!

Ayer 8 de mayo dio inicio el Gobierno de don Luis Guillermo Solís Rivera. Un grupo de buenos seres humanos encabezan la nueva administración. El país —esperamos todos— esté en las mejores manos para dirigir sus destinos. Muchos son desconocidos a la ciudadanía, tendrán que darse a conocer por su ejecutoria.
No parece fácil el reto. Las diferencias ideológicas dentro del gabinete son notorias. Los problemas del desempleo, las brechas sociales y la inequidad de la sociedad costarricense son importantes.
Tenemos el sétimo mejor coeficiente de Gini de 21 países: Costa Rica (0,501) y el octavo mejor ingreso bruto per cápita de ese mismo grupo $10.362,6. Un 28% del empleo de los costarricenses está vinculado con la exportación.
El 40% del producto interno bruto de Costa Rica está compuesto por sus exportaciones y el 75% de las mismas son industriales. Los servicio con valor agregado son un 48% de las exportaciones de Costa Rica y los servicios y la agricultura son ya elementos del mismo tamaño respecto del producto interno bruto o sea cerca de un 5,6%
No es fácil gobernar cuando unos desean que las huelgas en los servicios públicos sean legales y otros se aferran a la idea de que las huelgas en los servicios públicos deben ser prohibidas. Muchos desean resucitar el Código Procesal Laboral. Otros desean que siga vetado.
Muchos costarricenses desean un Estado laico. La Iglesia católica sigue siendo la religión oficial, pero en la práctica en esta administración hay más clérigos que en ninguna otra que yo haya conocido. La discusión sobre el FIV, el aborto y el matrimonio de las minorías sexuales no ha concluido y va a tender a agudizarse.
Costa Rica ha perdido su unidad interna desde hace mucho tiempo. El latín barómetro de este año el 47% de los costarricenses alberga valores antidemocráticos.
El país requiere una amplia y profunda reforma política. Los costarricenses deseamos votar nuestros diputados por nombre, no de entre una lista casi anónima. Queremos escoger los diputados dentro de nuestros partidos con igual procedimiento y en convenciones abiertas donde la primacía del voto impere.
Los costarricenses deseamos que si un diputado no sirve pueda el grupo de electores de su distrito electoral revocar su mandato lejos de esperar cuatro años de mala gestión. También añoramos que la Asamblea Legislativa pueda censurar un ministro de Gobierno y este deba irse de su puesto. Queremos grandes reformas, grandes cambios a la forma como se realizan los procesos eleccionarios. Queremos menos gasto y una campaña más equitativa hacia los candidatos de partidos emergentes.
Tenemos mucho por hacer y el tiempo apremia. Queremos trabajo, un dólar estable, control del desperdicio fiscal. Honestidad y seriedad. Exigimos alto a la impunidad. Queremos una Costa Rica de verdad, un país honesto. No hay mucho tiempo y la tarea es enorme.
Buena suerte, señor Presidente. No desmayen. Todos estamos detrás de ustedes como comité de aliento, como grupo inspector, como exigente soberano.

Emilio Bruce

Profesor
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