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Con Sumo
¿Qué nos pasa?

Carmen Juncos
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Al ver como la industria del entretenimiento vive un excelente momento en los países más desarrollados y como se integran para el consumo de sus productos la Internet, los teléfonos móviles y los nuevos equipos en donde se puede tener música, vídeos, juegos, comunicación, libros y mucho más, es inevitable preguntarse: en Costa Rica… ¿qué nos pasa?

¿Por qué no se habla siquiera de la posibilidad de producir contenidos para colocar en esas nuevas tecnologías?
Somos consumidores de esos contenidos pero… ¿por qué no se plantea el país la posibilidad de ser además productor de los mismos?
No puedo pensar en la excusa del presupuesto porque si apareció el financiamiento para un costosísimo nuevo Estadio ¿por qué no para algo que puede tener mercado internacional?

Por otra parte, el inicio de una industria cultural para el entretenimiento es algo que ofrecería una opción diferente para llenar la necesidad de esparcimiento de la población, especialmente ahora cuando la gente si se anima a salir a la calle a pesar de la creciente inseguridad no tiene mucho de donde elegir como no sean restaurantes, cines, bares y casinos.

Hoy la fusión producida entre cultura (como forma de vida, no arte) y contenidos comercialmente rentables, ha caído en estereotipos repetitivos que al fin aburren porque no hacen más que reproducir la realidad vital y laboral y a partir de ahí, a lo sumo, a veces fantasear.

Estos son contenidos en los cuales no se fomenta para nada la capacidad de iniciativa y de expresión de la gente. Deberían por eso elaborarse otros que signifiquen un desafío para quienes los van a consumir y despierten en ellos su creatividad.

Nadie descubre hoy mediante la oferta, en general, de la industria del entretenimiento a los países en vías de desarrollo, alguna de sus tantas capacidades más allá de las que ha logrado desplegar en su trabajo.


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