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Análisis
¿Pasión o dinero?

El rugby debería evitar los errores del hipercomercializado fútbol

Matthew Lynn
Bloomberg

Estos son buenos tiempos para formar parte del floreciente deporte del rugby. Una cautivadora Copa Mundial le ha atraído más seguidores. La audiencia televisiva está aumentando y los patrocinadores van tras ella. Los jugadores estelares están cruzando el mundo en pos de enormes remuneraciones.
Si usted es el tipo de inversionista al que le gusta entrar en un sector en ciernes, quizá le convenga invertir en algunos equipos de rugby.
Pero espere un momento. Justo cuando el segundo juego de pelota más popular del mundo toma el camino hacia la alta rentabilidad, al más popular de todos (el fútbol) lo están asaltando algunas dudas.
Esto debería ser motivo de reflexión para los organismos rectores del rugby. En dosis pequeñas, el dinero y la atención podrían encumbrar al rugby entre los deportes de renombre mundial. En exceso, sin embargo, podrían arruinarlo, como ha empezado a sucederle al fútbol.
Con todo, es evidente que el dinero está empezando a inundar el deporte del rugby. Los pagos anuales a los 12 equipos de la liga inglesa Premier Rugby Ltd., se dispararon a $62,5 millones en 2006 desde $16 millones en 1999. ¿De dónde viene ese dinero? De la televisión, claro está. British Sky Broadcasting Group Plc, que ha puesto una fortuna en el fútbol, también está invirtiendo grandes cantidades en el rugby. Hay más patrocinadores y están pagando más. Muchos de los principales jugadores, sobre todo de países como Nueva Zelanda y Australia, están siendo tentados para que jueguen en Europa.
Aún así, el fútbol sirve tanto de advertencia como de guía. Es un deporte al que el dinero lo ha malogrado tanto como mejorado. Sepp Blatter, el presidente de la Fifa, el órgano rector del fútbol, está tratando de dar marcha atrás al reloj, al menos por unos pocos minutos. Ha propuesto que los equipos de fútbol sean obligados a usar al menos seis jugadores nacionales a partir de 2010 “para proteger la identidad local” de los clubes. Algunos equipos británicos tienen solo uno o dos jugadores nativos, y la tan rentable liga española va por el mismo camino. Lamentablemente, la propuesta de Blatter puede contravenir las leyes de la Unión Europea, de modo que lo aguarda una pelea.
Esperemos que Blatter persevere en su empeño. El atractivo internacional y comercial del fútbol no ha sido necesariamente bueno para este deporte. Hay que hallar un equilibrio en estas cosas, y el rugby debería pensar detenidamente en cómo lograrlo.
Para ser justo, una razón por la que el rugby está aumentando en popularidad es que la calidad del juego ha mejorado desde que el deporte se hizo profesional tras la Copa Mundial de 1995. Un deporte aficionado puede ser emocionante por el apasionamiento y dedicación de los equipos, pero eso se disipa pronto si los jugadores no son tan buenos. No tiene gracia ver un montón de pases fallidos. La excelencia requiere trabajo arduo, y eso no sucede a menos que a la gente se le pague bien.
Igualmente, unos pocos jugadores extranjeros de categoría mundial en un equipo pueden mejorar la calidad del juego. Todo el mundo se beneficia de jugar junto con los mejores. Los demás integrantes de su equipo aprenden de ellos. Los hombres del club contrario se sienten motivados por la calidad de tales jugadores.
Aun así, es obvio que esto tiene sus inconvenientes… Mercenarios sin vínculos.
Por último, conforme se dispare la cantidad de dinero que el rugby produce, probablemente se presenten los inversionistas multimillonarios, como lo han hecho en el fútbol. Si compran todos los mejores jugadores, gastando sumas enormes para garantizarse el triunfo, no quedará mucha competición de qué hablar. Ya le sucedió al fútbol inglés y al español. En cada uno de esos dos países hay apenas tres equipos con una posibilidad verdadera de ganar nada. Si el deporte acaba siendo una competición entre chequeras, no puede esperarse que el público se mantenga interesado.
En el deporte es imposible eliminar del todo el mercado libre. ¿Por qué? Porque hay que ofrecer una competición justa y abierta entre muchos equipos. Y hay que tener en cuenta las pasiones locales y nacionales.
El rugby está cobrando más popularidad porque tiene una sinceridad y un espíritu que el fútbol, obcecado con el dinero, está perdiendo rápidamente. Sería necio arriesgar esos atractivos, sobre todo ahora que el rugby está alcanzando a su rival de un siglo.



Mercenarios

Mal ejemplo
Las selecciones de fútbol corren peligro de declinar según los jugadores nativos se vean excluidos de los clubes locales. Es lo que claramente ha pasado en la selección de Inglaterra: son pocos los jugadores ingleses que llegan a jugar en la Primera División, así que el seleccionado nacional acaba teniendo pocos hombres de entre los cuales escoger. Una selección débil se traduce en un menguante apoyo al fútbol.

El riesgo
En el rugby, los equipos corren el peligro de llegar a ser poco más que conjuntos de mercenarios sin vínculos con las localidades que representan o dedicación a ellas. Al igual que en el fútbol, los seguidores pueden entusiasmarse al principio con la destreza de los jugadores importados. Empero, a la larga, pueden llegar a preguntarse si lo que están viendo es tan solo una marca, en vez de los campeones de su ciudad.



En alzada

Desde ciertos puntos de vista, el rugby internacional es ahora el tercer deporte más valioso del mundo.

• Según sus organizadores, la Copa Mundial de 20 países, que se ha escenificado cada cuatro años desde 1987, atrae más televidentes que ninguna otra competición menos el Mundial de fútbol y los Juegos Olímpicos de verano.
• En un mundo en que todo tipo de deportes han crecido explosivamente en valor, el rugby es uno de los pocos que se han subexplotado. Tiene una base creciente de seguidores y una buena tradición.
• Países como Argentina y Fiji se han destacado en el juego al clasificarse para los emocionantes partidos finales de este año. Dada su preferencia por los balones de forma oval, acaso hasta los Estados Unidos tomen el rugby en serio algún día: tiene más probabilidades que el fútbol de despegar allí.



Final 2007

• Sudáfrica conquistó por segunda vez en la historia el Mundial de rugby tras derrotar en la final a una Inglaterra que defendía el título y que se mostró impotente para superar el mejor ataque de la competición (6-15).
• Los africanos empataron con Australia, la única selección que hasta ahora contaba con dos copas Webb Ellis y entroncaron directamente con el equipo que en 1995 se alzó con el título en su primera participación y en su propio país.


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