Leiner Vargas

Leiner Vargas

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Martes 24 Mayo, 2016

 Los secretos han sido una apuesta para revitalizar el comercio, pero sobre todo favorecer el crecimiento de la productividad y dinamizar el consumo, aspectos claves de la economía norteamericana de este tiempo

Obama y la economía de Estados Unidos

Cualesquiera sean las apuestas o las expectativas de ganar o perder de uno u otro candidato, la salida del presidente Obama deja claramente un vacío, no fácil de llenar por su sucesor o sucesora, en la dirección de la política y la economía norteamericana y del mundo. Más allá de su talento y fina estampa de negociador, sus claramente conocidos dotes de hábil orador, el presidente Obama ha sido capaz de llevar el barco de la economía de los Estados Unidos desde una de sus peores crisis y tempestades a un puerto seguro, con relativamente bajos costos sociales y en un tiempo más corto.
Solamente basta ver los números de creación de empleos que suman ya alrededor de 14 millones, pasando del nefasto 10% al casi pleno empleo de un 5% en su mandato. Los niveles de desconfianza, incertidumbre y desesperanza de los norteamericanos fueron de forma más o menos rápida transformados en capacidades de cambio, compromiso y entusiasmo para avanzar en la tarea de reestructurar su economía y confrontar la férrea competencia, principalmente de Asia. Queda claro además, que les tomó mucho menos tiempo a los norteamericanos salir de la crisis que a sus vecinos europeos, particularmente los vecinos del Sur de Europa, quienes además, han pagado carísimo los costos del ajuste económico y político.


Una gran dosis de pragmatismo, con una mezcla claramente heterodoxa de keynesianismo en lo económico, ha sido el secreto. La política monetaria activa ha continuado generando un estímulo al crecimiento, mientras que la reorganización del sector de salud pública y energía han dado impulso al crecimiento económico, reduciendo el déficit fiscal y mejorando la competitividad de la economía. Los secretos han sido una apuesta para revitalizar el comercio, pero sobre todo favorecer el crecimiento de la productividad y dinamizar el consumo, aspectos claves de la economía norteamericana de este tiempo. La confianza transmitida al no permitir la quiebra ni del sistema financiero ni mucho menos de emblemáticas fábricas e industrias, como la automotriz, generaron una especie de visión país renovada en las expectativas del consumidor norteamericano, motor fundamental de la economía y del empleo.
Si bien su cabello ha pasado de negro brillante a un gris blancuzco, como el de la bruma que obsesiona a quienes se preguntan qué vendrá después, definitivamente el presidente Obama y sus asesores económicos serán elogiados por la historia, tanto por su brillantez como por su habilidad de maniobrar los tiempos, driblar en las curvas más peligrosas y saber, hasta dónde y hasta cuánto, avanzar o retroceder. Ya quisiéramos en América Latina y en Costa Rica tener el talante de Obama, quizás solamente opacado por la sinceridad y la madurez de nuestro Mujica en Uruguay. Empero, no todo es luz, también existen sombras que opacan el avance y sus logros, algo que dejaremos para una siguiente columna por escribir.

 

Leiner Vargas Alfaro
www.leinervargas.com