Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 10 Mayo, 2012


Si después de asistir fecha tras fecha a los estadios a mirar los partidos del campeonato, Jorge Luis Pinto se encuentra optimista de cara a la eliminatoria, será el único en el entorno del fútbol nacional en hallarse así.
De verdad que es preocupante la baja calidad del fútbol costarricense, retratada en la mayoría de los partidos de las semifinales a la que accedieron los cuatro mejores equipos de la clasificación.
Cómo cuesta ver buen fútbol en los estadios del país.
Por ejemplo a mí me encantaba la forma de atacar de Pérez Zeledón durante el campeonato; era un equipo que se asociaba muy bien en ofensiva, empujada su línea de ataque en la que formaban indistintamente Héctor Sanabria, Juan Diego Monge, Camilo Aguirre y Luciano Bostal, por un medio campo de empuje y muy bien integrado, con Ariel Rodríguez, Néstor Monge, Kenneth García, Luis Stward Pérez e incluso jugadores pícaros como Albán Gómez y Roberto Mudarra.
Cuando Pérez ataca en tromba es muy difícil para cualquier retaguardia detenerlo, pero he aquí que los generaleños se plantan en la semifinal y no son capaces de armar ni siquiera tres ataques en 180 minutos de juego. Solo jugadores de escaso nivel logran esta “hazaña”.
¿Y qué decir del Saprissa y sobre todo de sus valores más jóvenes?
Todos fueron parecidos: Jordan Smith, Luis Diego Cordero, Alejandro Castro, Deiver Vega, Minor Escoe, César Elizondo. Ninguno fue capaz de sostener una regularidad; ninguno tuvo capacidad para jugar bien, por largos minutos. Todos los novatos fueron de ráfagas, de chispazos, lo que le sirvió a Alexandre Guimaraes de excusa perfecta para justificar el fracaso, cuando habló de los picos de rendimiento de sus jóvenes valores.
Además, con todo el cariño y respeto que le profesamos a Odir Jacques, su repentino e impresionante éxito en la recta final del campeonato, tiene muchísimo que ver con la modestia de nuestros equipos y futbolistas. En un campeonato serio y con equipos y jugadores competitivos es más difícil que se presente la odisea de Odir.
Finalmente tenemos a Santos instalado en la final, una formación muy limitada a la que le bastó un poco de orden, disciplina táctica y motivación para estar a 180 minutos de la corona. Santos no es un equipazo ni nada que se le parezca y si llegó a donde llegó busquen las causas en la mediocridad del entorno.

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